La hermana pequeña y niña de los ojos de Napoleón Bonaparte (1769-1821), Paulina (1780-1825) ha pasado a la Historia como una de las mujeres más polémicas de la época, a causa, sobre todo, de su más que turbulenta vida sentimental, que incluye dos matrimonios y una larga retahíla de amantes, de su carácter libérrimo en todos los aspectos de la vida, llegando, por ejemplo, a posar desnuda como modelo para el escultor Antonio Canova (1757-1822), y de su querencia por el lujo y la ostentación. Mujer extremadamente polémica, jamás dejó que las críticas de la sociedad francesa le afectaran en lo más mínimo, viviendo siempre según los dictados de su conciencia. En estas líneas repasamos su biografía.

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Nace Paulina –su nombre completo era Maria Paolette Bonaparte- el 20 de octubre de 1780 en Ajaccio, en Córcega, siendo el sexto retoño y segunda hija de Carlo Bonaparte (1746-1785) y de María Leticia Ramolino (1750-1836), ambos miembros de la nobleza corsa. A los cinco años de edad, Paulina sufriría el varapalo de la pérdida de su padre, quien fallecería con apenas 38 años, dejando viuda y ocho huérfanos. El patriarca de la familia sería oficialmente desde ese momento el primogénito José (1768-1844), futuro Rey de España, si bien la dirección de los designios de la familia Bonaparte recaería de facto sobre los hombros de Napoleón, quien se encontraba en esos momentos en los albores de su meteórica carrera en el ejército galo. Hasta los 13 años, momento de su mudanza a París, Paulina viviría en Córcega donde recibiría una educación bastante limitada.

Pronto el físico de Paulina comenzaría a deslumbrar a propios y extraños. La joven, muy precoz, comenzaría ya en la adolescencia a mantener romances, en la mayoría de los casos exiguos, con diferentes hombres. A los 16 años la joven se enamoraría de Stanislas Fréron (1754-1802), un importante político francés 26 años mayor que ella. Napoleón, siempre protector de su hermana pequeña, a la que adoraba, pondría fin al idilio de inmediato, pero apenas unos meses después, sorprendería a su hermana en su despacho con su mano derecha, el general Carlos Víctor Leclerc (1772-1802). Napoleón obligaría a Leclerc a casar de inmediato con su hermana, celebrándose la boda el 14 de junio de 1797. Si bien la pareja tuvo un hijo, Dermida Luis, nacido en 1798 y fallecido apenas seis años después, no fue un matrimonio feliz. Es conocido que Paulina tuvo diversas relaciones extramaritales.

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En diciembre de 1801 Napoleón encarga al general Leclerc trasladarse a Haití con 40.000 soldados para sofocar la rebelión del autoproclamado gobernador de la isla, un antiguo esclavo llamado Toussaint Louverture (1743-1803). Paulina se negó en rotundo a hacer el viaje al otro lado del océano, llegando a ser embarcada contra su voluntad. Una vez en Haití, Paulina, quizás como venganza contra su marido por obligarla abandonar su querido París, se dedica a organizar enormes bacanales. Según diversas fuentes, la hermana de Napoleón mantiene varios idilios con oficiales del ejército de su marido e incluso con soldados rasos. Este periodo de excesos termina de forma dramática cuando su marido fallece el 2 de noviembre de 1802 a consecuencia de la fiebre amarilla que ya había diezmado las tropas galas en Haití. Pese a que Paulina había dado muestras de no tener especial afecto por el general Leclerc, al conocer la noticia de su muerte se derrumba y, según cuentan las crónicas, regresa a Francia sin dejar de abrazar el féretro de su difunto esposo en la bodega del barco.

No sería un dolor de larga duración el de la viudedad de Paulina. De regreso en París, la hermana de Napoleón comienza de nuevo a llevar una vida disoluta. Así, asiste cada noche a fiestas y bailes, convirtiéndose en la comidilla de la alta sociedad parisina. Además de coleccionar amantes, Paulina compra de forma compulsiva carísimos vestidos y joyas preciosas de todo tipo. La extravagancia llega también a su cuidado personal. Paulina se baña cada año en leche recién ordeñada con el objeto de mantener su piel blanca.

Napoleón, escandalizado por el escandaloso comportamiento de su hermana, decide obligarla a casarse en segundas nupcias con el príncipe Camilo Borghese (1775-1832) en agosto de 1803. El Príncipe era uno de los hombres más ricos de Italia y poseedor además de una imponente colección de diamantes. Los primeros meses del matrimonio discurrieron de forma óptima para Paulina, ya que disfrutaba de una dotación anual como Princesa de 70.000 francos y disponía de todos los lujos imaginados. En esta época Paulina encarga al escultor más famoso del momento, Antonio Canova, la elaboración de una obra para la que ella sería la modelo. Para estupefacción del artista, Paulina le informa que desea aparecer desnuda. La escultura, la Venus Victrix, hoy en día exhibida en la Galería Borghese de Roma, conmociona a la sociedad romana.

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La vida en la espectacular Villa Borghese de Roma parecía entusiasmar a Paulina que, sin embargo, pronto comenzaría a añorar su país natal. Gran parte de esta desilusión fue culpa del enfriamiento de la relación con su marido, quien según se rumoreaba estaba poco interesado en los encantos de su esposa, al ser pública y notoria su homosexualidad. Asimismo, durante este periodo romano, Paulina pierde a su hijo, que fallece a los seis años de edad. Rota de dolor por su muerte y desencantada con su segundo matrimonio, Paulina regresa de nuevo a Francia.

De nuevo en París, Paulina se enamora del pintor Nicolás de Forbin (1779-1841), al que pronto sustituye por el compositor y violonchelista Félix Blangini (1781-1841). Cuando su hermano es obligado a abdicar y a exiliarse en la Isla de Elba, Paulina decide acompañarle en el destierro, vendiendo todas sus propiedades. Una vez que Napoleón decide regresar a Francia para recuperar el poder, Paulina le ofrece todo su apoyo y le cede su colección de joyas, con el objeto de financiar la campaña militar.

Después de la derrota de su hermano en la Batalla de Waterloo y su destierro definitivo en Santa Elena, Paulina se traslada de nuevo a Roma, bajo la protección del Papa Pío VII (1742-1823). Allí vive en la Villa Paulina, actualmente la Embajada de Francia en Roma, desde donde intenta buscar el apoyo de diferentes mandatarios extranjeros para que las condiciones de su hermano mejoren. Cuando éste muere en 1821, Paulina, que no había sido autorizada a visitarlo, se derrumba.

A comienzos de 1825 la salud de Paulina se deteriora, a causa de un cáncer de hígado. Poco antes de morir, Paulina se reconcilia con su marido, el príncipe Camilo. El 9 de junio de aquel año fallece a los 44 años en Florencia. Según la leyenda, en los últimos momentos de vida Paulina solicita a uno de sus sirvientes un espejo. Cuando se mira en él sonríe y afirma: “No tengo miedo a morir. Aún soy tan bella…”. Los restos mortales de Paulina Bonaparte descansan en la capilla Borghesiana de Santa María la Mayor de Roma, junto a los de su segundo marido. Su deseo habría sido, sin embargo, ser enterrada al lado de su hijo y de su primer marido en el Château de Montgobert, en la región francesa de Picardía.

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