Pareciera que fue ayer cuando el mundo conocía a una tímida joven rubia de Park House, Gran Bretaña. Fue en 1980, cuando el nombre de Lady Diana Spencer comenzó a circular como uno de los intereses amorosos del casadero Príncipe Carlos. Y tan sólo unos meses después de aquel primer gesto de interés entre la pareja, los enamorados se comprometían en matrimonio el 6 de febrero de 1981, aunque la noticia se mantendría en secreto por algunas semanas. Así empezaba el romance entre la Princesa Diana y el mundo.

Desde ese momento, la Princesa se convertiría en una de las mujeres más fotografiadas. En una época en la que las selfies no eran la norma, la imagen de Diana era buscada por el público, que vivía testigo de sus aventuras. Su personalidad tímida y sonrisa discreta, ganó los corazones de todos, adquiriendo una popularidad digna de una estrella de cine. La Princesa se convirtió en una celebridad sin siquiera buscarlo, parecía que su espíritu cruzaba las barreras de la imagen, conquistando al mundo con su azul mirada.

Recordando a la Princesa Diana en el que sería su cumpleaños 54VER GALERÍA

Su boda se convertiría en una de las más vistas en el mundo, lo que parecía el inicio de un cuento de hadas fue televisado en un hecho inédito y que se convertiría en modelo de lo que se vive en la actualidad. Las mujeres del mundo se volcaban por copiar su estilo y aquel mítico anillo de compromiso con el gran zafiro azul, se volvería en una imitada pieza de la cultura popular.

La llegada de sus hijos, el Príncipe William y el Príncipe Harry, sólo añadiría al mito. Una madre de la realeza que decidía que sus niños tuvieran una vida lo más normal posible. Cariñosa en público, comprensiva y divertida, Diana hacía lo que antes hubiera sido imposible en las casas reales. Visitas a Disneyland, paseos por el parque y visitas a celebridades, fueron parte de los momentos inolvidables en la historia de la Princesa de Gales.

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Fiel a su espíritu bondadoso y alma caritativa, Diana no sólo era amorosa con sus hijos, sino con quienes la necesitaban. Una estrecha relación con la Madre Teresa de Calcuta, la llevaría a viajar por diferentes rincones del mundo con su ayuda. Su necesidad altruista la guiaba para apoyar a varias y diversas causas, particularidad que sería heredada a sus hijos. Ambos, ejemplo claro del impacto que su madre tuvo en su personalidad y en su vida.

Pero aquella timidez que se veía en la joven Diana, se convertiría en nostalgia y un tanto de tristeza con los años. En diciembre de 1992, se anunciaba aquello de lo que se venía especulando desde el inicio de la relación, la Princesa Diana y el Príncipe Carlos se separaban amistosamente. El divorcio no se finalizaría sino hasta 1996, pero esto no significaría que estaría libre del escrutinio público y el constante interés mediático. Sólo un año después, el 31 de agosto de 1997, la querida Diana perdería la vida en un terrible accidente automovilístico.

Su recuerdo sigue tan vigente como en aquel trágico año. Sus hijos se han convertido en dos de las personalidades más queridas de la realeza alrededor del mundo, siguiendo el ejemplo de su madre, se mantienen cercanos y cálidos con su gente. Su espíritu altruista ha continuado en ellos y usan todos los medios para mantenerla con ellos. Y se puede sentir que los ha acompañado en los momentos más importantes. El anillo de compromiso que diera el Príncipe William a la Duquesa de Cambridge, de soltera Kate Middleton, el nombre de la Princesa Charlotte que lleva Diana en su honor y el bautismo de la bebé en la misma capilla que su abuela, son algunos de los muchos guiños que los príncipes tienen para con su adorada madre.

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