Los Reyes de Holanda presiden el solemne 'Día del Príncipe'

Durante el día de ayer la reina Máxima de Holanda volvió a llamar la atención de todo el mundo. La ocasión fue nada más y nada menos que el Día del Príncipe o Prinsjesdag, día en el que se da inicio al curso parlamentario en los Estados Generales (las cámaras alta y baja holandesa). Como se hace tradicionalmente año tras año, el tercer martes de septiembre a la una de la tarde el Rey y la Reina van en la Carroza de Oro (Gouden Koets) al Binnenhof de La Haya donde, en la Sala de la Caballería, el Monarca lee el Discurso del Trono, en el que se repasan los planes del Gobierno para el ejercicio entrante.




Exactamente a la una de la tarde el rey Guillermo Alejandro, acompañado por la reina Máxima, abandonó el Palacio de Noordeinde de La Haya para luego llegar a la sede del parlamento holandés, el edificio Binnenhof. Como hemos descripto anteriormente, los soberanos de los Países Bajos se trasladaron en la Carroza de Oro, obsequio que recibió la reina Guillermina en el día de su investidura como soberana en 1898.

Luego de recorrer algunas de las calles más importantes de la capital, la carroza se detuvo frente a las puertas de la Sala de la Caballería. Una vez allí el rey Guillermo Alejandro procedió a la lectura del Discurso del Trono.

Durante el discurso, el soberano recordó con estas palabras la tragedia del vuelo MH17 de Malaysian Airlines en el que perdieron la vida 196 holandeses: "En el verano de 2014 hemos sido conscientes que la libertad y la seguridad son vulnerables. Este Día del Príncipe es un día de luto y de tristeza. La catástrofe acontecida el 17 de julio continúa consternándonos a todos profundamente".




Una vez finalizado el discurso, alrededor de las dos de la tarde, la comitiva real regresó al Palacio Noordeinde por la misma ruta y minutos después se vio a la Familia Real aparecer en el balcón para saludar a la multitud allí reunida.

Como hemos dicho al comienzo, la reina Máxima fue quien se llevó todas las miradas. Tan elegante como siempre, la Soberana lució un hermoso vestido de seda roja con un sombrero haciendo juego. A su vestimenta le acompañó la insignia y banda de la Gran Cruz de la Orden del León Neerlandés. En el caso del monarca, tan como manda la etiqueta, para esta ocasión vistió de chaqué.

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