Pasarela Gaudí Novias 2007: Victorio & Lucchino

Un desfile bucólico y nostálgico

Cuando hay amor. Así titulan los diseñadores Victorio & Lucchino su colección nupcial para 2008. Y, una vez más, han demostrado saber recoger éxitos, aunque se presenten obstáculos inesperados (un foco que explota en pleno desfile, las planchas que cubren la pasarela que se abomban y hacen tropezar a las modelos…).

Pero ¿cuál es su secreto para triunfar ante cualquier contratiempo? Sin duda, es su delicadeza y artesanía para trabajar cualquier material. En esta ocasión, sus ‘horas de taller’ se traducen en faldas de ricos volantes, recogidos de los que nacen formas abullonadas asimétricas y recortes que se cosen unos sobre otros para crear volúmenes.

Para 2008, destaca la mezcla de tejidos en matizado contraste, así como el uso de flores en relieve teñidas en pastel. Además, los sevillanos siguen apostando por su característica línea sirena, aunque la combinan con trajes imperio, de línea sirena, ablusados o de inspiración ‘sesentera’ y años 20. Esto último se ve claramente en su colección de vestidos cortos, con talle macado y faldas muy cortas con la cintura muy baja. Llaman la atención sus velos, chales y mantones, que se reinterpretan y se presentan en técnica ‘patchwork’ y con pedrería.

En esta ocasión, el dúo de diseñadores también volvió a intercalar entre sus propuestas femeninas, algunas creaciones destinadas al hombre. Para ello, proponen clásicos chaqués en tonos neutros y corbatas muy estrechas, que dan sutilmente color al conjunto, por ejemplo, presentándose en azul eléctrico o gris perla.

Un jardín para enamorarse
Que los diseños son lo principal en un desfile no hay duda. Pero tampoco hay que obviar que la puesta en escena es parte muy importante dentro del show. Y, en este campo, Victorio & Lucchino son unos maestros y saben dotar a su pase de una escenografía de las que mejor se pueden ver en esta cita con la moda nupcial. Este año, adornaron la pasarela a lo largo con altísimos postes cubiertos de espigas de trigo, a los que se unían guirnaldas de luces; el suelo se forró con láminas de plástico en las que habían impreso grandes ramilletes de flores de azahar; y, en la parte frontal, las modelos aparecían frente a un trampantojo que reproducía un verde jardín enmarcado entre dos grandes jarrones de piedra.
Como arranque del desfile, los sevillanos eligieron una forma poco convencional: la modelo Marina Pérez visor lo inauguró subida en un majestuoso carruaje, eso sí, sin caballos.

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