Los aspectos positivos de convertirse en mamá pasados los 35

Un estudio desarrollado por la Universidad de Aarhus en Dinamarca apunta a que las mamás de más edad tendrían menos problemas para navegar por las dificultades de la maternidad que otras mamás más jóvenes

Aunque hoy en día las madres de más de 35 años suelen tener un parto sin complicaciones e hijos sanos, es frecuente que escuchemos de manera más o menos habitual lo diferente que puede resultar convertirse en mamá pasada esa edad, las precauciones que hay que tener o las expectativas de conseguir un embarazo a medida que van pasando los años. ¿Serán necesarios los tratamientos de fertilidad? ¿Cuáles son las posibilidades de tener un embarazo múltiple?

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El motivo por el que estas informaciones son frecuentes: la edad a la que las nuevas familias millennial deciden tener su primer hijo se ha retrasado considerablemente respecto a la generación anterior, y cada vez hay más mujeres que se convierten en madres primerizas en el tramo de los 30 a los 35 años. Hablando en datos: si en 1975 la edad media para tener el primer hijo en España se situaba a los 25,2 años según el Instituto Nacional de Estadística, hoy en día nos lanzamos a dar este paso con una edad media de 30,6 años. Lo que quiere decir que no sólo que hay tantas mujeres que tienen su primer bebé por encima de esa edad como por debajo, sino que el segundo bebé (o el tercero, o cuarto), llega incluso más tarde en la vida, muchas veces pasada la barrera de los 35. Entre los ejemplos celeb que acompañan estas líneas estarían Gwen Stefani, mamá de su tercer bebé a los 44 años, Eva Mendes, que tuvo a su primera hija Esmeralda una vez cumplidos los 40, Drew Barrymore o Halle Berry.

Aunque los riesgos de un embarazo tardío suelen ser más o menos conocidos por cualquier persona que esté planeando un embarazo, el lado positivo de convertirse en mamá pasada esta edad no suele describirse con tanta frecuencia, a pesar de que sean situaciones que se van dando cada vez más a menudo. Quizás precisamente para evitar que se disparen las tasas de embarazos tardíos, y sus posibles complicaciones. Un ejemplo: la fertilidad femenina comienza a reducirse drásticamente a partir de los 35 años, y suele ser casi nula a partir de los 43. Además, cuanto más mayor es la mujer que se queda embarazada, más probabilidad de sufrir un aborto espontáneo, o de dar a luz a un bebé con bajo peso o un bebé prematuro. Las probabilidades de trastornos genéticos también aumentan a partir de los 40; las posibilidades de tener un niño con síndrome de Down es de una entre 82 a esa edad, mientras que a los 45 es de una entre 30.

Entonces, ¿tiene alguna ventaja quedarse embarazada más tarde? Según un estudio reciente desarrollado por la Universidad de Aarhus en Dinamarca, y publicado en el European Journal of Developmental Psychology, es difícil contrarrestar las ventajas de tener un bebé cuando aún somos jóvenes, en términos de salud maternal, fertilidad o riesgos del embarazo. Las ventajas de los embarazos tardíos, en cambio, tendrían más que ver con factores socioeconómicos, de educación y lifestyle una vez nos hemos convertido en mamás.

Tras estudiar a 4.700 mujeres con hijos a lo largo de ocho años, los investigadores del departamento de Ciencias Sociales de esta universidad analizaron el modo en que las mamás mayores de 35 años habían sido capaces de gestionar el embarazo y la maternidad comparadas con otras mamás más jóvenes. Su conclusión: las mamás más mayores tenían menos problemas a la hora de lidiar con sus 'peques' a la edad de 7 y 11 años, y estos presentaban menos dificultades sociales, emocionales y de comportamiento que aquellos con mamás más jóvenes. La situación, eso sí, volvía a nivelarse en la adolescencia, donde todos los niños del estudio manifestaban el mismo tipo de problemas emocionales y de conducta, posiblemente relacionados con los cambios que se experimentan a esa edad.

Las conclusiones de los propios investigadores apuntan a que esta tendencia podría estar relacionada con la capacidad de las mujeres más mayores para solventar con más facilidad algunos de los aspectos más difíciles de la maternidad, gracias al propio contexto en que se da el embarazo en esas edades: muchas de las mujeres que retrasan la maternidad hoy en día lo hacen por motivos de estabilidad social, laboral y económica. En las mamás más mayores, además, existiría un mayor acceso a los recursos necesarios para lidiar con los problemas y retos de la maternidad. El tercer aspecto positivo sería la madurez emocional que viene con la edad, y que permitiría a estas mamás gestionar mejor el estrés y mostrar un mayor grado de flexibilidad y tolerancia hacia sus hijos.

O lo que es lo mismo: que sea la edad que sea a la que te decidas a ser mamá, siempre encontrarás ventajas e inconvenientes que, sumados, hagan que la experiencia siempre valga la pena.

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