Algunos (primeros) síntomas del embarazo que no te esperas

Además de los cambios en el pecho, el dolor de cabeza o tener un olfato más sensible de lo normal, las primeras semanas del embarazo pueden ir asociadas a otros síntomas menos conocidos pero igual de comunes

El síntoma definitivo de que no existe un embarazo es la menstruación. Los indicadores de que sí podríamos estar esperando un bebé, sin embargo, son algo más difusos y cambian dependiendo de cada mujer, los días que han pasado desde la concepción e incluso el momento del día. La fecundación se produce exclusivamente durante la ventana de fertilidad, que se da a mitad de ciclo, y no es hasta pasados los primeros quince días que comenzamos a notar los primeros síntomas, como la sensibilidad o el cambio en el tamaño del pecho, el dolor de cabeza y espalda, y los cambios en el olfato y el gusto que se asocian a los vaivenes hormonales. ¿Sabes qué otros síntomas, menos conocidos, pueden ponerte sobre la pista?

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Naúseas... todo el día. No sólo a primera hora de la mañana, como parecen indicar las 'naúseas matutinas', sino a cualquier hora del día. Por la mañana son más prevalentes como producto de la propia digestión tras haber estado tumbadas tantas horas mientras dormimos, pero lo cierto es que las naúseas pueden presentarse en cualquier momento. Cuando se dan en su forma más severa se denomina hiperémesis gravídica, y pueden derivar en un ingreso hospitalario por peligro de deshidratación y pérdida de peso.

Sientes un cansancio inexplicable, por muchas horas que duermas. Especialmente teniendo en cuenta que es en las dos primeras semanas del ciclo (cuando comienzan a darse estos síntomas, dos semanas después de la ovulación y fecundación) cuando estamos más 'a tope' de energía. Este cansancio inexplicable, la sensación de fatiga sin desencadenante que lo explique, puede orientarnos en dirección a la farmacia en busca de un test de embarazo.

Vas al baño todo el rato. Un síntoma que solemos asociar al tercer trimestre, cuando el peso del bebé, el líquido amniótico y la placenta presiona la vejiga, pero que también se da en las primeras semanas por el crecimiento del útero.

O al contrario... dejas de ir cuando normalmente eres como un reloj. El estreñimiento en estas primeras semanas va asociado a los altos niveles de progesterona liberados en el cuerpo tras la fecundación, que ralentizan el proceso de digestión y del paso de los alimentos a través del tracto intestinal. A medida que vayan pasando los meses, es probable que esta condición empeore al combinarse con otros factores, como una mayor absorción de agua en el intestino, o la presión del útero.

Sientes picor. Sobre todo en el pecho, que es la primera parte del cuerpo que comienza a ganar volumen a los pocos días de concebir. A medida que vayan pasando las semanas lo notarás también en la tripita, como consecuencia del estiramiento de los tejidos en ambas zonas.

Notas la falta de los síntomas premenstruales. Te conoces bien y sabes que justo antes de la menstruación tienes mal humor, o calambres, o dolor en el pecho... sin embargo este mes te fallan todos tus esquemas. Si sientes que debería estar a punto de bajarte la regla pero todo parece distinto de lo normal, es posible que sea porque el ciclo se ha interrumpido.

Tienes una infección por hongos (y eso que no tienes nunca). También conocida como candidiasis. Los cambios que se dan en el organismo de la mujer, especialmente los cambios hormonales, pueden desestabilizar la levadura que vive normalmente en la vagina y dar como consecuencia una infección de este tipo, que se manifiesta en picor y ardor en la zona vaginal, inflamación y flujo abundante de color blanco.

La nariz te sangra a menudo. Este síntoma se debe al incremento en el volumen de sangre que sufre el cuerpo de la mujer durante el embarazo, y que puede ejercer una presión mayor en los vasitos capilares más delicados, como por ejemplo los que están presentes en la nariz. Las hemorragias nasales pueden darse al principio del embarazo, aunque lo más corriente es que no se presenten hasta por lo menos la quinta o sexta semana de gestación.

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