¿Por qué son tan populares los pendientes para bebés en España?

Aunque en otros países europeos los primeros pendientes casi ni se contemplan en bebés recién nacidos, en España es una tradición que a día de hoy sigue siendo muy popular

El tema de los pendientes en bebés recién nacidos suele generar cierta controversia, como la mayoría de aspectos de la crianza donde son frecuentes las opiniones polarizadas: del uso de la kepina a la práctica segura del colecho, la lactancia o la crianza natural. Cada uno de ellos, por mucho debate que generen, acaban reducidos a una opinión personal de los padres. Los primeros pendientes del bebé, también.

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En algunos países, como sucede en España, los pendientes en los bebés recién nacidos son parte de la tradición cultural, a menudo marcada por el género del bebé, y son una costumbre tan arraigada que es frecuente regalarlos a una mamá que acaba de tener un bebé, o en un bautizo. La respuesta a la pregunta "¿es niño o niña?" a veces incluso genera algo de duda cuando la 'peque' no lleva pendientes. Estas piececitas de joyería son populares en muchos países de América del Sur (la top brasileña Gisele Bündchen revolucionaba las redes sociales en 2013 al compartir una foto de su hija, que entonces tenía siete meses, con pendientes), y también en Estados Unidos, especialmente entre la comunidad latina. Comparada con otros países europeos, sin embargo, España es una rara avis: los europeos no son precisamente fans de los pendientes del bebé; no se contemplan en Alemania o los países escandinavos, y en Reino Unido, una petición creada en 2015 reunía más de 84.000 firmas para establecer una edad legal mínima para poder perforar las orejas de los bebés. La petición sigue abierta y aún sigue recibiendo firmas a día de hoy.

"En el extranjero simplemente no existe esta tradición cultural", explica Maite Navarro. Maite es matrona en el hospital Sanitas La Zarzuela, y además impulsora de un servicio especializado en la primera puesta de pendientes baby tanto en consulta como a domicilio. "Muchas 'mamis' españolas que han emigrado a Alemania no encuentran sitio donde hacerlo allí, y están deseando llegar a España, durante una visita a los abuelos, para poder poner los pendientes a sus hijas".

"En España vemos a las niñas bonitas con los pendientes, es algo cultural", explica Maite. "Al final se trata de una elección personal, en la que no debe influir nadie más que los padres, y que debe debatirse en pareja. Cualquier decisión es respetable. Lo importante es que los padres sean felices".

El dilema aún así está presente en la mente de muchas mamás, que dudan entre hacerlo pronto, cuando el bebé es aún un recién nacido, o esperar a que la pequeña sea un poco más mayor y pueda cuidar ella misma la orejita, tal y como recomienda por ejemplo la Asociación Americana de Pediatría. "Si vas a ponerlos sí o sí, lo más recomendable es hacerlo entre los primeros 15 días y el mes de vida, porque el lóbulo de la oreja esté muy blandito, es una piel muy suave y el sistema nervioso no está tan desarollado. Si están durmiendo, a veces estos bebés tan pequeñines ni se despiertan. En cambio a partir del primer mes lo van a notar mucho más: los ruidos, la sensación en la oreja... Hay muchas niñas de cuatro años que vienen porque han visto a la niña de al lado con pendientes: hay pocas cosas en España que casi todas las niñas te van a acabar pidiendo, simplemente porque es tan prevalente".

Hasta hace unos años, los hospitales españoles ofrecían hacer la perforación de las orejas a los bebés recién nacidos pero hoy en día esta opción ha quedado reducida únicamente a las farmacias y a las matronas que se dedican a ello. "Los hospitales vieron que la puesta de pendientes era un nicho de reclamaciones porque a veces se hacían mal, y dejaron de hacerlo. Si no sabes cómo hacerlo puedes acabar colocándolos mal". Un problema que a día de hoy se ha trasladado a las farmacias y en ocasiones también a las matronas con distintos grados de experiencia. Lo que deberíamos intentar evitar: en primer lugar, que el espacio elegido no se preste a que el bebé esté lo más cómodo y relajado posible, por ejemplo dándole el pecho, esperando a que se quede dormidito o preparándole un 'bibe'. Lo segundo, que las técnicas que se utilicen no estén adecuadas a su edad.

"La pistola, que es muy popular cuando nos agujereamos las orejas como adultos, está contraindicada en un recién nacido porque no ofrece un control excesivo del aparato. A un niño más mayor puedes pedirle que se quede quieto, pero un recién nacido puede moverse cuando menos te lo esperas". El resultado: el pendiente queda colocado en cuaquier sitio excepto el centro del lóbulo, o peor aún, cada uno en una altura y posición distintas. "La técnica que usemos para perforar la oreja debe depender del lóbulo del bebé y de las características que tenga. Se puede utilizar una aguja específica con un plástico que posteriormente se retira para introducir el pendiente. También podemos utilizar pendientes que ya incorporan un dispositivo en forma de alfiler esterilizado de un sólo uso, y que en lugar de disparar como la pistola tiene un mecanismo similar al de una grapadora, es decir, con capacidad de retroceso y control de la presión. Y por último se puede hacer con el mismo pendiente desinfectado, si la niña tiene menos de un mes y si por ejemplo la mamá quiere poner directamente unos pendientes que haya traído ella".

Los pendientes de primera puesta tienen que tener, además, unas características especiales. Deben ser más largos de lo normal ("si ponemos un pendiente ajustado va a asfixiar el agujerito y lo va a infectar; ademas el lóbulo va a crecer muy rápido"), y el material debe ser de acero quirúrgico o titanio. "Pueden tener un bañito leve de oro de 18 quilates para que los bebés tengan un primer contacto con ese metal, pero si la niña tiene una reacción alérgica manifestada por un enrojecimiento de la zona, es importante quitar el pendiente y evaluar más adelante si puede llevarlos o no". De ahí la importancia de hacer un seguimiento del estado de cicatrización seis semanas después de la puesta, que es el tiempo mínimo que debe llevarse este primer pendiente antes de que podamos cambiarlo por otro.

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