Los mitos y verdades de la salud dental en el embarazo

Cada hijo no "cuesta un diente" como se suele decir, aunque sí es cierto que algunos de los síntomas asociados al embarazo, especialmente en el primer trimestre, pueden debilitar el esmalte dental

No todas las mujeres embarazadas sufren de enfermedades gingivales, aunque un gran porcentaje sí lo hace (según los dentistas españoles, más de la mitad), y lo que es más, no siempre tienen a mano el poder controlarlas: los cambios y fluctuaciones hormonales que se producen en el organismo casi desde el mismo momento de la concepción -por ejemplo, la conocida como gonadotropina coriónica humana comienza a liberarse nada más implantarse el embrión en el útero, de ahí que podamos usar los test de embarazo con tanta rapidez-, pueden hacer que las encías se vuelvan más susceptibles a la placa dental, ya que los cambios hormonales exageran su respuesta inflamatoria. Esta 'gingivitis del embarazo' suele desaparecer tras el parto, y se presenta casi exclusivamente entre el segundo y tercer trimestre.

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¿Y las caries? Aunque la guía sobre la salud dental en el embarazo del Consejo General de Dentistas apunta a que no hay índices claros sobre un mayor número de caries en esos nueve meses, sí que es cierto que algunas de las fases del embarazo pueden erosionar el esmalte dentario, haciéndolo más vulnerable a las caries a medio o largo plazo. Es decir: durante el embarazo no nos salen más caries, aunque sí podemos predisponernos a ellas. Por ejemplo, si se dan vómitos y naúseas, o su versión más severa, la hiperemésis gravídica, en el primer trimestre, podemos ir desgastando poco a poco el esmalte de los dientes casi sin darnos cuenta.

Tampoco es cierto que sea posible favorecer la aparición de caries en el bebé a través de la leche materna, ni siquiera si la mamá tiene caries, aunque la trasmisión de las bacterias causantes de la caries sí que suele ser elevada entre la mamá y el bebé, si por ejemplo chupamos la misma cuchara o el chupete. De ahí que sea difícil prevenir las caries que se dan a una edad muy temprana, especialmente si se tiene en cuenta que, hasta más o menos los tres años de edad, las visitas al dentista son raras cuando, en realidad, los expertos en salud dental aconsejan hacerlo a partir del primer año.

MITOS Y REALIDADES

Entonces, ¿qué es un mito y qué una realidad? En la Clínica Ariño tambén han elaborado un listado de verdades y mentiras sobre la salud de los dientes durante el embarazo. Vamos a repasar algunas de ellas.

VERDADERO. En el embarazo se pueden producir dolor, inflamación o un sangrado al cepillarse, síntomas principales de la gingivitis. Como ya hemos dicho, cualquier persona puede sufrir de enfermedades gingivales, pero las embarazadas a veces tienen más posibilidades debido a los cambios hormonales.

FALSO. El dicho "cada hijo me costó un diente". Es un dicho popular que no tiene ningún fundamento si se mantiene una correcta higiene bucal y revisiones periódicas.

VERDADERO. Los vómitos provocan erosión del esmalte, haciéndolo más susceptible a las caries.

FALSO. El bebé obtiene el calcio de los dientes de la madre. El bebé necesita mucho calcio para generar su propio esqueleto, pero éste proviene fundamentalmente de los huesos y no de los dientes. Es aquí donde entran en juego los meticulosos cuidados prentales que tienen que ver con la alimentación de la embarazada. Para no 'robarle' calcio a los huesos de la mamá, es importante incrementar el consumo de este mineral, lo mismo que el de proteínas.

FALSO. Durante el embarazo no se deben hacer tratamientos dentales ni recibir anestesias para evitar lesiones o problemas en el feto. Aunque hay que tener más cuidado durante el primer trimestre, durante el resto del embarazo no sólo es posible ir al dentista sino además recomendable, precisamente para evitar los problemas mencionados antes. Lo mismo recomiendan desde la clínica Smiling, desde donde indican que a veces es posible incluso utilizar algunas anestesias, como las anestesias sin vasoconstrictor en el segundo trimestre, o las radiografías digitales.

VERDADERO. Es posible tener mal sabor de boca o aliento, debido a las malas digestiones, el ardor de estómago, los vómitos o los cambios en la composición de la saliva. También la sequedad en la boca o exceso de salivación, efectos menos probables pero que pueden ocurrir en el primer trimestre del embarazo.

CUÁNDO IR AL DENTISTA

Si notamos las encías sensibles, hinchadas o enrojecidas, si los dientes sangran con facilidad durante el cepillado o si no podemos eliminar el mal aliento y el mal sabor de boca. También hay que tener cuidado de cepillarse entre horas y más a menudo de las dos veces diarias recomendadas, sobre todo si se comen alimentos y bebidas azucarados o los consabidos antojos, usando siempre pasta fluorada y un cepillo pequeño para evitar las náuseas. Se puede complementar este cuidado con hilo dental y cepillos interproximales: para aprender a usarlos, mejor visitar al dentista y comprobar si se necesita un complemento adicional para la higiene bucal durante el embarazo.

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