La cafeína 'escondida' en la dieta de los niños

Si los 'peques' no se van a la cama a su hora, es posible que el motivo esté escondido en lo que comen

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Uno de los motivos por los que a los 'peques' les cuesta tanto irse a la cama durante las vacaciones de Navidad puede estar escondida en lo que comen: en estas fechas, el consumo de productos azucarados se dispara, y algo tan inofensivo como el turrón de chocolate, especialmente si se come después de cenar, puede mantenerles despiertos más allá de su hora habitual de irse a dormir. El motivo: la cafeína que se esconde en algunos de los alimentos de andar por casa, que a veces se incluyen en la dieta de los niños sin que nos demos cuenta del efecto que pueden tener en su patrón del sueño.

La cafeína es un compuesto químico, que puede tomar varios nombres dependiendo de dónde se extraiga. La teína, por ejemplo, se encuentra en la planta del té, o la teobromina, presente en la planta del cacao, y que resultan tan estimulantes como lo que conocemos como cafeína convencional, y que normalmente asociamos a una taza de café. Aunque no demos café a los niños, la cafeína sigue presente en muchos otros alimentos, con el añadido de resultar más potente en los niños que en los adultos, ya que tanto la duración como el impacto de sus efectos están relacionados con el peso corporal de quien los consume. Este tipo de sustancias trabajan estimulando el sistema nervioso central, de ahí que tengan la capacidad de mantener a los 'peques' bien despiertos hasta tarde, además de darse otros efectos, como la pérdida de concentración, el dolor de cabeza, la impulsividad o las nauseas, si las consumen en exceso.

Uno de estos alimentos aparentemente inocuos y muy presente en la dieta de los niños es, como hemos dicho, el chocolate, que aunque no contenga dosis altas de cafeína, sí puede afectar a los niveles de alerta de los más pequeños especialmente cuando lo consumen repetidamente. Esto se extiende a sus derivados, populares durante las fiesta navideñas, y que van desde los bombones del calendario del Adviento, al chocolate caliente con churros, el relleno del roscón, los batidos y turrones, el cacao que desayunan por las mañanas o las galletas con relleno.

Los refrescos son otro de los estimulantes más populares entre los reyes de la casa, que no sólo contienen cafeína en grandes cantidades: además acumulan enormes cantidades de azúcar (hasta 39 gramos por lata) igualmente estimulante, y el gas propio de las bebidas carbonatadas, que pueden provocar problemas de digestión en los más pequeños y también mantenerles despiertos. Este tipo de bebidas, además, se cuentan entre lo que se conoce como 'calorías vacías' dentro de la pirámide alimenticia: es decir, no aportan ningún tipo de nutriente esencial a la dieta de los niños, y al ser tan sencillas de consumir, favorecen la aparición del sobrepeso o la obesidad infantil. Lo mismo sucede con las bebidas con sabor a té helado: su composición incorpora estimulantes que pueden afectar a los 'peques' si no se consumen con cuidado, con dosis de azúcares añadidos equivalentes a los de las bebidas de cola, limón o naranja.

La clave para reducir el consumo de cafeína entre los niños estas Fiestas: moderar los alimentos con chocolate, y reducir progresivamente el número de bebidas cafeinadas que toman a lo largo del día, sustituyéndolas por otras alternativas más saludables, como agua, leche o zumos naturales.

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