El ejercicio durante el embarazo: Pilates después de los 40

Los embarazos más tardíos requieren de preparación extra para compensar la falta de colágeno de la piel, y reforzar el suelo pélvico

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Según las últimas estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, la edad media para ser madre entre las españolas subió hasta los 31,5 años en 2012, con un progresivo desplazamiento de la fecundidad hacia edades más altas, situando el mayor ritmo de crecimiento entre los 35 y los 40 años. O lo que es lo mismo: sólo el año pasado, más de 35 mil mujeres en España se convirtieron en mamás después de los 40, representando hasta un 8 por ciento del total de los partos nacionales. Una cifra que duplica a la de hace ocho años.

Los 40 parecen marcar una barrera tanto física como mental para los nuevos padres, y en concreto para las mujeres, que ven en la cuarta década de vida un impedimento añadido a la hora de concebir. Los cuidados durante el embarazo cambian a medida que nos hacemos mayores, casi siempre orientados a prevenir posibles complicaciones asociadas a los embarazos tardíos. La forma física durante la gestación es uno de estos cambios, que influye tanto en el desarrollo del bebé, como en la recuperación postparto de la madre.

De hecho, a medida que pasan los años, la dermis se vuelve menos elástica y por tanto resulta más difícil este proceso de recuperación una vez nace el bebé. No es tanto una cuestión de edad como una fórmula biológica: es más sencillo recuperarse del embarazo cuando se es más joven porque los niveles de colágeno de la piel son más elevados y admiten una mayor elasticidad. Las claves para afrontar este período suelen comenzar desde antes de la misma gestación, combinando una dieta sana con la práctica de deporte.

Una de las disciplinas que ha ido ganando cada vez más adeptas en los últimos años es el pilates, quizá por su capacidad para adaptarse a las diferentes etapas de gestación, permitiendo practicarlo desde antes del embarazo, durante y después, con diferentes tipos de intensidad. Aunque el ejercicio es bueno en todas sus variantes y formas (siempre que se realice de forma controlada y bajo la supervisión médica), cada vez son más las mujeres que se apuntan a esta variante de la gimnasia de toda la vida, que permite ejercitar la musculatura de todo el cuerpo a la vez que se refuerzan el suelo pélvico y la columna.

Así nos lo explican desde Kinesa, una red de centros de fisioterapia, donde sitúan la marca para volver a practicar pilates a partir del primer trimestre. Una de sus recomendaciones básicas, sin embargo, es la de cerciorarse de que la clase es específica para mujeres gestantes, ya que durante el embarazo se producen múltiples cambios en el organismo que pueden sobrellevarse mejor cuando los ejercicios especializados en preparto permiten mejorar y mantener la movilidad (sobre todo de la zona pélvica y de la columna vertebral), incidiendo en la importancia de la respiración tanto como en la de la tonificación.

Las clases de pilates para embarazadas también deben ir acordes al estadio del embarazo en que nos encontremos, así como a la edad de la mamá. Por ejemplo: no es aconsejable permanecer mucho tiempo tumbadas boca arriba, especialmente en el último trimestre. La respiración de las embarazadas también es diferente, y tampoco pueden contraer los abdominales de la misma manera que durante las clases corrientes. El trabajo en isometría también estaría desaconsejado, ya que puede congestionar a la mamá a nivel circulatorio.

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