¿Sabes cómo sacarle el mayor partido a la crema solar de los niños?

La única protección eficaz contra los efectos del sol es una combinación de barrera física y protector solar

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Basta con entrar en cualquier farmacia durante el verano para darse cuenta del amplísimo abanico de protectores solares que existe en el mercado. En los últimos veinte años, la evolución del protector solar ha pasado de un factor pocas veces superior a 15 o 20 y en formato crema, a un enorme rango de factores, que se pueden adquirir en forma de loción, gel o spray, con variaciones entre las cremas para mayores y 'peques'.

A la hora de sacarle el mayor partido a la crema solar de los niños, lo más importante y primero que hay que tener en cuenta es que ningún protector es cien por cien efectivo contra los efectos de los rayos del sol. Lo único que proteje la delicada piel de los niños (y también la de los mayores, por extensión), es una combinación entre el filtro solar y la barrera física: es decir, la crema combinada con ropa, sombreros de ala ancha y gafas de sol homologadas con factor de protección ocular, además de la sombrilla.

Aún así, el protector solar es uno de los mejores 'escudos' durante los meses de verano, especialmente cuando los 'peques' van a estar expuestos al sol, tanto vestidos como con bañador. Las normas a este respecto son claras: la función del fltro solar es absorber o dispersar la radiación UV, causante del daño en la piel, incluido el codiciado 'moreno', que no es más que un signo del efecto del sol sobre la epidermis. A la hora por tanto de dar con la loción más adecuada para los niños, es importante tener en cuenta tres cosas: que tenga un factor de 30 o superior, que proteja de los rayos UVA y UVB, y que prevenga las quemaduras reflejando los rayos UV en vez de absorberlos, ya que el espectro de estos últimos es más limitado.

También es importante tener en cuenta otros aspectos secundarios como la forma de aplicación. Por ejemplo: el spray es infinitamente más cómodo y fácil de aplicar en niños que sólo están deseando salir corriendo a meterse en el agua, pero suele resultar más difícil de detectar, ya que no siempre está claro qué partes de la piel han quedado protegidas y cuáles no. Tampoco hay que descartar echar un vistazo a la etiqueta con los ingredientes, para evitar compuestos que puedan irritar o secar la piel (como las fórmulas con alcohol), muy especialmente en los niños más pequeños. Los ingredientes son, de hecho, la única diferencia entre los filtros para mayores y niños: aunque la protección y efectos son los mismos, las bases cambian en las fórmulas infantiles, con compuestos más suaves, y a menudo sin perfume.

Los ciclos de aplicación también son clave para prevenir quemaduras: la mayoría de filtros deben usarse al menos 30 minutos antes de la exposición al sol (también en días nublados), y reaplicarse cada dos horas o menos, en caso de que los niños pasen mucho tiempo en el agua o si transpiran. Durante la aplicación, es importante no dejarse ninguna de las zonas 'olvidadas', como detrás de las orejas, los pies o el cuello, además de la zona por debajo de la línea del bañador.

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