Este verano, ¡anima a los 'peques' a salir de casa!

Las altas tasas de sedentarismo infantil se pueden combatir incentivando el pasar más tiempo fuera de casa

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Una de las razones que más peso tiene a la hora de ponderar los por qués de los altos índices de obesidad infantil son los cambios en los hábitos de vida de los niños, que han variado mucho desde hace un par de generaciones a la actual. Las nuevas formas de ocio están cada vez más orientadas al uso individual y dentro de casa. Algo que no sólo tiene un impacto sustancial en la socialización y comunicación interpersonal de los niños: también está afectando a la manera en que los 'peques' asocian el ejercicio con algo que se hace en el cole, una materia más de su lista de deberes, en vez de una manera de compartir, jugar y aprender junto a otros niños.

Cambiar los hábitos alimenticios del niño resulta menos recomendable que cambiar su forma de entender el ocio. Combatir el sedentarismo infantil siempre debería ir por delante que cualquier menú restrictivo en calorías y alimentos. Una alternativa: las propuestas educativas, que cambien la mentalidad de los 'peques' respecto al ejercicio, y actúen eficazmente frente a la creciente incidencia de la tasa de sedentarismo en la población infantil.

Así lo consideran desde la Asociación Española de Pediatría, que ha elaborado junto al Consejo General de los Colegios Oficiales de Licenciados en Educación Física y en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, el primer listado de consejos prácticos para combatir el sedentarismo orientado a papás, educadores y niños, y que podemos empezar a poner en práctica este mismo verano.

El ejercicio físico en niños y adolescentes debería ser al menos de 60 minutos diarios. Es imprescindible, dicen, promocionar un estilo de vida saludable desde esta primera etapa de la vida, para mantener estos hábitos a lo largo de la edad adulta: la práctica de ejercicio físico se debería incorporar a la vida cotidiana de los niños, al igual que la higiene, la seguridad o el estudio. Las seis recomendaciones básicas para 'activar' a los 'peques' dentro y fuera de casa:

1. Los niños deben realizar actividad física moderada o vigorosa durante un mínimo de 60 minutos diarios, pudiendo repartirse en dos o más sesiones.

2. Hay que intentar evitar conscientemente el sedentarismo: cualquier actividad cotidiana es mejor opción que permanecer sentados. Un ejemplo: caminar siempre que sea posible, utilizar la bicicleta y subir por las escaleras en vez de usar ascensores y escaleras mecánicas. Además, es aconsejable incorporar actividades al aire libre, y potenciar las actividades físicas extraescolares.

3. El ejercicio físico debe ser un momento de diversión y juego. Son preferibles las actividades en grupo, divertidas y al aire libre, que permitan un refuerzo positivo.

4. El entorno físico en el que se practique la actividad debe ser el adecuado y sin peligros. Esto es especialmente importante en el cole, pero también en casa.

5. La actividad física se recomienda en cualquier condición de salud: no solamente la debe practicar el niño sano. Como recuerdan ambas instituciones, 'la práctica habitual de actividad física mejora globalmente el estado de salud y la evolución clínica de los niños con enfermedades crónicas o discapacidad'.

6. Es fundamental asegurarse de que los niños beban suficientes líquidos, sobre todo cuando la actividad es intensa y el ambiente caluroso. Es conveniente hidratarse antes, durante y después, ya que siempre eliminamos cierta cantidad de agua y sales minerales cuando estamos en movimiento. Esta recomendación resulta especialmente importante en países con unas condiciones ambientales de más de 25°C de temperatura, y en zonas con alta humedad.

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