El desayuno también es la comida más importante del día para los niños

Los nuevos ritmos de vida tendrían un efecto negativo sobre la salud infantil

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Acostarse tarde, levantarse tarde y saltarse el desayuno. Uno de los malos hábitos alimenticios más comunes entre los mayores también afecta a los más pequeños de la casa, y, tal y como apuntaban recientemente desde la Sociedad Española de Probióticos y Prebióticos, podría ser una de las razones 'ocultas' que explicarían las altas tasas de obesidad infantil entre los países desarrollados.

Los nuevos ritmos de vida occidentales tendrían así mucho que ver con la denominada 'pandemia del siglo XXI': la obesidad y el sobrepeso afectan ya al 53% de la población adulta española, y al 33% de los niños de entre 2 y 17 años. Una cifra que asciende hasta cerca del 45% en el caso de los niños de entre 6 y 9 años según los datos de la Organización Mundial de la Salud, que apunta al detrimento de las buenas costumbres en la mesa (como la falta de adherencia a la dieta mediterránea o el no tomar un buen desayuno), como una de las causas sustanciales para explicar estas tasas.

Los datos del estudio multicéntrico sobre alimentación y nutrición AVENA lo confirman: existen una correlación entre la prevalencia de sobrepeso y obesidad en adolescentes, y la supresión de la primera comida del día. 'La omisión del desayuno está estrechamente vinculada a un descanso inadecuado. Acostarse tarde implica levantarse tarde, por lo que no hay tiempo para desayunar', puntualiza la profesora Ascensión Marcos, directora del Grupo de Inmunonutrición del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos. El hábito de no desayunar, además, es frecuente entre la población con riesgo de padecer un trastorno de la alimentación, sobre todo las niñas y las chicas más jóvenes.

Más allá de las implicaciones físicas que conlleva el sobrepeso, los aspectos psicológicos tienen un impacto definitivo en la vida de los niños que se enfrentan a una cifra elevada en la báscula. La Dra. Ana Rosa Sepúlveda, de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, lo resume así: 'pasar de ser un bebé adorable a un niño obeso supone un fuerte impacto para el menor', especialmente si de pronto se ve rechazado por su entorno familiar, repercutiendo de manera negativa en su forma de relacionarse con los demás.

El aislamiento social y el consiguiente refugio en la sobreingesta de alimentos es un círculo difícil de romper, más aún cuando en casa no se toman medidas para modificar la dieta o fomentar el ejercicio físico. 'Los padres pasan mucho tiempo fuera del hogar, y el niño se queda solo en casa, sin espacio donde jugar y moverse, y con comida a su alcance', explica la doctora. 'Es un entorno obesogénico'.

La obesidad no tiene una única causa sino que son múltiples los factores que intervienen en ella, desde los más obvios, como la alimentación o la actividad física, hasta otros no tan evidentes, como el medioambiente, la genética o la microbiota (los microorganismos que se encuentran presentes de manera natural en diferentes partes del organismo, como el tracto intestinal). Lo ideal para que un desayuno sea completo y equilibrado: combinar cereales (no industriales, sino de los que aportan hidratos de carbono complejos, como el pan integral), con lácteos, como un vaso de leche, queso o un yogur, proteínas y frutas, que aporten azúcares sencillos y muchas vitaminas y minerales.

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