La otra cara de la infertilidad

Los tratamientos de fertilidad suelen conllevar una fuerte carga emocional


No es noticia que los cambios en los estilos de vida han tenido un impacto definitivo en el comienzo de las nuevas familias: la edad para tener el primer hijo se ha retrasado hasta los 35 años, prolongando este arco muchas veces hasta más allá de los 40.

En cifras: mientras que en 2007 las nuevas mamás mayores de 35 años sólo suponían el 48% de las consultas de fertilidad, hoy en día, apenas siete años más tarde, representan más del 62%. Este baile de fechas ha llevado consigo un incremento en la demanda de información acerca de posibles tratamientos, que muchas veces se dan en la consulta del médico, pero que también ocurren a través de internet y las redes sociales, facilitando el acceso a un gran cúmulo de datos que las parejas no son capaces de asimilar y comprender como si se las explicase un médico.

Esta suerte de 'desinformación', unida a las dificultades para ser padres, genera situaciones de estrés y ansiedad entre los futuros papás, que muchas veces se transfieren a la forma de comportarnos en pareja, las actitudes sociales, la vida sexual o el estado de ánimo en general.

De hecho, una de cada diez parejas que se somete a un tratamiento de fertilidad, llega a abandonarlo por la gran carga emocional que conlleva. Éste tipo de cuestiones eran las que se abordaban en el reciente congreso sobre reproducción asistida organizado por la Fundación Ginefiv, la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Alcalá, y que se ha celebrado en Madrid hace sólo unos días. El objetivo: conseguir una relación médico-paciente fluida, que permita contemplar la intervención de psicólogos durante los diferentes procesos, en ocasiones esenciales si tenemos en cuenta que entre un 25 y un 40 por ciento de los pacientes con problemas para concebir presenta algún problema emocional significativo.

Uno de los principales inconvenientes, y que producen un mayor impacto emocional en los padres, sería la percepción -errónea- que se tiene de absoluta eficacia de un tratamiento de este tipo: aunque funcionan, los tratamientos a día de hoy no garantizan con total seguridad el embarazo. Un ejemplo: cada vez más mujeres se ven obligadas a acudir a la donación de óvulos y renunciar al vínculo genético, una opción para la que no todas están preparadas.

Igualmente, es importante que la mujer sea consciente de cómo afecta el paso del tiempo al sistema reproductivo y a la reserva ovárica: las consultas rutinarias con el ginecólogo serían el primer paso para detectar cualquier anomalía de una manera temprana y, sobre todo, para concienciarnos en el caso de presentar dolencias que puedan afectar a la fertilidad en el futuro. Algunas de las más comunes: antecedentes familiares de menopausia precoz, así como enfermedades como endometriosis o cirugías previas en el ovario, son los principales factores de riesgo entre las mujeres jóvenes, aunque también se pueden ver afectadas aquellas con enfermedades autoinmunes o que, por ejemplo, hayan recibido quimioterapia.

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