¿Por qué los niños tienden a ganar peso en vacaciones?

Una dieta equilibrada y comer en familia ayudan a establecer hábitos alimenticios saludables



Las vacaciones de Navidad y las de verano son los momentos del año en los que, por norma, nos relajamos un poquito más y nos permitimos más caprichos a la mesa que en el día a día. Algo quizás contradictorio con la conocida como 'operación bikini', cuando, los meses previos a la llegada de la temporada estival, nos ponemos 'las pilas' en el gimnasio y con las comidas para lucir lo mejor posible en la playa o piscina.

Sin embargo, una vez inmersos en las vacaciones, esta actitud queda aparcada, algo que afecta también a los niños. Coincidiendo con la temporada estival, los más pequeños de la casa, como los mayores, tienden a ingerir mayor cantidad de calorías a expensas de alimentos de alta densidad energética; o lo que es lo mismo: 'comida basura', dulces y bebidas gaseosas.

Esta actitud, además, provoca que se adquiera un esquema de alimentación desordenado que es difícil sacudirse de encima, y que, en algunos casos, los niños arrastran una vez comenzado el curso escolar. El problema: comer varias veces al día fuera de las comidas regulares, a horas muy distintas, incluyendo después de la cena, algo que puede llegar a alterar los patrones del sueño. Esto, combinado con una disminución de la actividad física, sería el cóctel idóneo para ganar peso en vacaciones, tanto entre mayores como pequeños.

Sin embargo, hay excepciones: muchos niños y adolescentes consiguen mejorar su composición y su peso corporal en el periodo vacacional, aunque hay que poner de nuestra parte, animándoles a realizar más actividad física y servirles una alimentación más ligera, rica en verduras y frutas. De hecho, durante las vacaciones la convivencia familiar se hace más frecuente, por lo que el impacto de la educación nutricional en este sentido es extremadamente importante, tal y como nos recuerda el doctor Javier Salvador, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.

Es importante tener en cuenta que no hay alimentos prohibidos o inadecuados, sino la ingesta incorrecta. Por ejemplo: no hay problema si un niño se excede comiendo verduras, pero sí si lo hace de forma continuada de dulces, helados, bebidas hipercalóricas, embutidos o alimentos ricos en grasas. Los alimentos altos en fibra, las hortalizas, verduras, frutas, pescados o carnes blancas son más aconsejables, especialmente si se cocinan de forma sana, sin añadir más contenido calórico, como a la plancha o al vapor.

Según los últimos indicadores de los niveles de obesidad en Europa, hasta el 10 por ciento de la población infantil -15 millones de niños-, sobrepasaría los niveles de peso recomendado. La Organización Mundial de la Salud prevé, además, que para el 2015 un total de 41 millones de personas fallezcan en el mundo a causa de enfermedades crónicas derivadas de una alimentación inadecuada y falta de actividad física, convirtiendo a la obesidad en la primera causa de mortalidad y morbilidad en este siglo.

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