Consejos para reaccionar frente las patologías más frecuentes del verano

Los niños están más expuestos a picaduras, alimentos en mal estado o accidentes



El verano es época de playa, piscina, diversión y montones de tiempo libre. La mejor época del año, y con las vacaciones más largas, también tiene sus inconvenientes, especialmente para los más pequeños de la casa, que sufren durante la temporada estival de picaduras, heridas, vómitos o intoxicaciones alimentarias con más frecuencia que durante el resto del año.

Pequeñas patologías que hay que intentar prevenir cuando se pueda, y, sobre todo, saber cómo mantener la calma, acudiendo a los servicios médicos sólo cuando sea necesario. Un ejemplo habitual: las picaduras, de mosquitos, abejas o incluso medusas, si nos vamos a bañar en el mar. Algo tan sencillo como intentar prevenirlas, usando un repelente antimosquitos o manga larga si vamos a pasear por el campo, y no poniéndonos nerviosos cada vez que escuchamos un zumbido cerca, es la manera más fácil de prevenir males mayores (y unas cuantas lágrimas), especialmente en el caso de las abejas.

Si finalmente nos pica una: es importante saber cómo tratarla y sacar el aguijón, aplicar frío y amoniaco o calamina. En el caso de las medusas, los primeros auxilios caseros son más complejos: lo primero será quitar el resto de tentáculos de la piel del niño, lavar la picadura con algo de agua salada, aplicar frío local y ser especialmente cuidadosos para que el pequeño no se roce la herida con arena o con la toalla.

Los vómitos y diarreas son otras de las complicaciones de salud más frecuentes que pueden sufrir los 'peques' en vacaciones, ya sea por un proceso vírico, por la ingesta de agua contaminada o porque hayan comido algo en mal estado. Para prevenirlas, nada como estar alerta de lo que se llevan a la boca, procurando usar siempre alimentos que hayan estado bien refrigerados antes de cocinarlos, y enseñarles a no tragar agua del mar o la piscina.

Este tipo de malestar gastrointestinal suele irse al cabo de unos días de dieta blanda. Importante, eso sí, mantenerles bien hidratados con soluciones de suero oral -especialmente en los meses de más calor-, y seguir de cerca el desarrollo de los síntomas: si no pueden controlar los vómitos o presentan somnoliencia, lo mejor será consultar con un pediatra o médico cercano.

Las heridas son otras de las grandes protagonistas del verano cuando vamos de vacaciones con niños, así como otras patologías más graves que en ocasiones van asociadas con ellas, como esguinces, contusiones o fracturas. Lo más importante en estos casos: taponar con una gasa para frenar el sangrado, limpiar bien las heridas para evitar infecciones, y aplicar un antiséptico con povidona antes de acudir al médico.

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