¿Por qué los niños sufren hipertensión?

Controlar la presión arterial es clave para evitar accidentes cardiovasculares en la edad adulta



Algo tan lejano, y que suena tan 'adulto' como la hipertensión -una enfermedad crónica relacionada con la presión que la sangre ejerce en las arterias-, parece de entrada un problema de salud que en principio no debería involucrar a los niños. Sin embargo, y tal y como se revelaba este mismo año, uno de cada tres niños españoles sufre de exceso de peso, provocando un importante aumento de los casos de hipertensión arterial entre niños y adolescentes.

De hecho, alrededor del 10 por ciento de la población infantil presentaría una elevada presión arterial, sin contar el alto porcentaje de casos que, muy probablemente, esté aún sin diagnosticar. La obesidad infantil es uno de los principales factores de riesgo entre grandes y pequeños, aunque no es el único: el sedentarismo, la falta de actividad física, la ingesta de sal y el consumo de alcohol entre los adolescentes también sumarían puntos a la hora de extender la hipertensión de manera alarmante entre los escolares.

Estos hábitos, además, serían en muchas ocasiones reflejo de hábitos familiares: tal y como señalan los expertos en pediatría infantil, cada vez resulta más frecuente ver en la consulta del médico a un niño con sobrepeso, acompañado de padres y hermanos obesos, que en muchas ocasiones también sufren de hipertensión.

El perfil normalmente asintomático de la enfermedad dificulta, sin embargo, su diagnóstico a edades tempranas, algo especialmente peligroso para los 'peques', para quienes las subidas leves de la presión arterial se pueden traducir en una hipertensión severa en la edad adulta.

El control de la enfermedad durante la infancia es pues fundamental para prevenir las consiguientes complicaciones cuando se hagan mayores. El tratamiento de la hipertensión infantil parte de los cambios en el estilo de vida de los niños, empezando por perder peso, seguir una dieta sana y variada, reducir la ingesta de sal, evitar el consumo de azúcares, grasas saturadas y refrescos, y realizar ejercicio físico al menos 40 minutos al día, evitando que estén sentados más de dos horas seguidas frente al ordenador, la consola o la 'tele'.

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