¿Por qué es importante que los niños hagan deporte antes de la adolescencia?

El hábito del deporte comienza en la infancia y termina de instaurarse durante la adolescencia

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La actividad física no es sólo cosa de mayores: el ejercicio es uno de los pilares de una vida saludable, y esto se extiende de manera explícita a los niños.

Una ecuación sencilla, la de la buena alimentación combinada con 'moverse' de forma regular, que tiene su explicación a nivel biológico: tal y como explicaba estos días el doctor Gerardo Rodríguez, coordinador del nuevo grupo de actividad física de la Asociación Española de Pediatría, el ser humano estaría 'programado' para el ‘ahorro’ de energía, y sólo por eso preferimos los alimentos con más densidad energética -el cuerpo los identifica como más sabrosos-, y elegimos la inactividad siempre que tenemos ocasión.

De estas rutinas ha dependido, de hecho, la supervivencia de la especie en los momentos de carestía a lo largo de la historia. Sin embargo, en una etapa como la actual, en la que las sociedades del primer mundo viven en un entorno de sobreabundancia de alimentos, es casi una 'obligación' para grandes y pequeños el levantarse de asiento y ponerse en marcha, haciendo ejercicio de manera regular de forma consciente.

En la última encuesta sobre la salud en España publicada por el Ministerio de Sanidad, la cifra de niños entre 5 y 14 años que no realiza ninguna actividad física alcanzaba ya un índice del 12 por ciento, con especial incidencia entre las chicas, que tienden a ser más sedentarias. Entre los 15 y los 24 años, los índices se disparan hasta un alarmante 45 por ciento de los encuestados, que confesaba no realizar ningún tipo de ejercicio, o muy poco.

La adolescencia es un período especialmente importante en este sentido, ya que es cuando se consolida la inactividad. La práctica regular de ejercicio físico en niños y adolescentes, además, contribuye a la prevención y tratamiento de diferentes enfermedades con altos índices de morbilidad y mortalidad, como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, las alteraciones psicológicas, la desmineralización ósea e, incluso, algunos tipos de cáncer.

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