Contra el sobrepeso... ¡manzanas!

España presenta uno de los índices de sobrepeso infantil más altos de Europa



Uno de los grandes misterios en torno a la alimentación infantil en España no es otro que el desfase entre los beneficios más que reconocidos de la dieta mediterránea y el hecho de cada vez más niños españoles se vean afectados por el sobrepeso y la obesidad, situándonos a la cabeza de Europa a la hora de ponderar este problema de salud.

De hecho, y según un informe de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, más del 44 por ciento de los niños españoles sufre en la actualidad de exceso de peso, lo que supone el tercer nivel más alto de Europa, por detrás de Italia y Chipre. De entre los muchos factores que entran en juego a la hora de añadir números a la báscula, sin duda uno de los más significativos sería el progresivo aumento en el consumo de dulces industriales en lugar de otras alternativas más saludables, como frutas y zumos naturales.

Los hogares con hijos pequeños son, de hecho y según el estudio, el grupo social que menos fruta consume en España: mientras que entre las parejas jóvenes sin descendencia se consumen más de doscientos kilos al año por persona, en los núcleos familiares con niños apenas se superan los 55 kilos de fruta anuales.

En este sentido, una de las frutas clave para reducir el sobrepeso, por su poder saciante y por lo fácil que resulta preparala para los niños o transportarla al cole, es la manzana, encargada, además, de prevenir otras enfermedades igualmente graves, como la diabetes, la hipertensión o el colesterol. Una opción sabrosa y saludable para los niños, que no hay que limitar a la hora del postre, cuando ya están saciados, o a comerla en crudo: algo tan sencillo como dársela en otro momento puede evitar que la rechacen, y acaben convirtiéndola en su tentempié favorito.

La fruta es un snack muy sabroso y eficaz, que aporta mucha energía, como ocurre con el chocolate o la bollería (que tienen mucho aporte calórico pero poco nutricional), pero más fácil de digerir: al organismo le resulta más sencillo quemar este tipo de carbohidratos complejos que los de las grasas de un pastel o una barra de chocolate. Algo similar ocurre con la glucosa, un azúcar natural de las frutas que nuestro cuerpo asimila de manera progresiva y que, al contrario de lo que sucede con, por ejemplo, los refrescos, no produce cambios bruscos en el organismo ni provoca momentos de euforia seguidos de momentos de 'bajón'.

Lo mejor para facilitarles la tarea de comer más fruta: tener en cuenta que el tamaño de la pieza sea adecuado para su constitución, presentársela de maneras alternativas, como cortada en rodajas, taquitos y otras formas que puedan resultarles atractivas, y permitirles que la coman ellos solos, con las manos, para que les de sensación de autonomía. Además, las propiedades nutricionales de frutas como la manzana no varían significativamente al comerla en crudo, asada, al horno o hervida, lo que permite introducirlas en postres y dulces, como guarnición o como ingrediente en menestras y ensaladas.

Más sobre: