¿Cuánto dura la ilusión por los regalos de Navidad?

Recibir muchos y malos juguetes limita la capacidad de sorpresa e imaginación de los niños



Cada año, la Navidad parece que empieza más y más temprano: los primeros turrones comienzan a aparecer en las estanterías a finales de octubre, y los catálogos de juguetes llegan como por arte de magia a las manos de los niños varias semanas antes de la llegada de Papa Noel y los Reyes Magos.

La Navidad supone entre el 60 y el 70 por ciento de las ventas anuales para las marcas de juguetes: es en estos meses cuando los fabricantes aprovechan para 'bombardear' a los pequeños con toda suerte de acciones de marketing, teniendo como resultado abultadas cartas a los Reyes, llenas de regalos. Unas acciones que muchas veces se traducen en mucho dinero invertido y realmente poco o nada de entretenimiento a cambio, una vez los juguetes abanadonan sus envoltorios.

Así lo explican desde de Martina.com, una de las principales jugueterías online de España, donde nos recuerdan que, no hace tantos años, los juguetes eran otra cosa: estaban diseñados para que los niños jugaran. Hoy en día, sin embargo, la gran mayoría de los juguetes se convierten en carísimos artículos que duran escasamente un día, y que, en algunas ocasiones (y para desesperación de muchos papás y mamás), no llegan a usarse nunca.

De hecho, a lo largo de este último año, la ilusión por un juguete nuevo -para niños de entre 5 y 12 años de edad-, ha durado entre tres y cinco horas de media. Una cifra absurda, que convierte a los juguetes en objetos inútiles, especialmente en los momentos en que los niños reciben gran cantidad de regalos de Navidad. Es en estos casos cuando el 'arco' de ilusión por el regalo apenas llega a las dos horas: después de este tiempo, el niño pierde el interés, y el regalo pasa a formar parte de un extenso 'cementerio' de juguetes inútiles.

El problema: la incapacidad de los niños de hoy en día de jugar como antaño. De hecho, arrastrados por esta tendencia, los padres han entrado en este círculo vicioso, adquiriendo juguetes cada vez más baratos o malos. Un círculo especialmente dañino para los niños, que hace que se muevan por impulsos consumistas a edades cada vez más tempranas, sin llegar a conocer realmente el verdadero valor de las cosas.

La solución: apostar por juguetes que no limiten la capacidad creativa de los niños, y que permitan expandir su imaginación, creando una experiencia completa de juego. Sería el caso, por ejemplo, de los juguetes de construcciones o que relatan una historia, como los de Lego o Playmobil. Asimismo, es importante que el niño pueda relacionar los diferentes juguetes entre sí, y no ofrecerle regalos unidireccionales o 'incompletos', pensados para ofrecer una sola variante de juego.

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