¿Qué hacer cuando tus hijos piden un 'piercing'?

La boca y el ombligo son algunas de las zonas más conflicitivas



La búsqueda de la identidad que experimentan los hijos una vez entrada la adolescencia suele traducirse en un choque frontal entre generaciones que no siempre se absorbe con la misma facilidad por parte de los padres: entender los cambios por los que están atravesando, su necesidad de 'desprenderse' o la búsqueda de aceptación fuera de sus círculos habituales, son un gran paso en la formación de su personalidad, que casi siempre viene marcado por cambios a nivel físico y de actitud.

Los nuevos gustos de nuestros hijos en esta etapa de la vida son parte de este binomio de diferenciación-aceptación, y los tatuajes y piercings pueden, a veces, formar parte de este proceso de 'hacerse mayor': romper con las reglas establecidas y marcar la diferencia con respecto a las figuras de autoridad se transforman en nuevos 'compañeros de viaje', que pueden acarrear más de un quebradero de cabeza a los padres.

Pero, ¿sabes cuáles son los riesgos reales de este tipo de prácticas? Según un reciente estudio del American Journal of Clinical Dermatology, en el 20 por ciento de los casos se producen complicaciones, casi siempre en forma de infecciones y hemorragias, aunque en ocasiones pueden derivarse en otras afecciones más graves como dermatitis,mala cicatrización, daños en los nervios o hepatitis.

Para evitarlo, desde la facultad de medicina de Chicago proponen una revisión de la metodología a seguir en este tipo de intervenciones, y recuerdan la necesidad tanto de hacer uso de materiales esterilizados, como de certificar la experiencia del tatuador, acompañarles para seguir de cerca la higiene del procedimiento, o ayudarles los cuidados posteriores.

En este sentido, el artículo establece, también, una relación de piercings más propensos a mostrar complicaciones, y más en concreto los de la lengua y labios, considerados los modelos más dañinos por provocar diferentes lesiones a nivel bucodental. La boca es, de por sí, un foco de infecciones, que combinadas con un piercing puede dar lugar a inflamaciones, alergias, hemorragias, halitosis y dificultades para hablar, así como daños a largo plazo en la encía, el hueso o el esmalte de los dientes.

Otras zonas 'conflictivas': los cartílagos de las orejas o la nariz, el ombligo, propenso a las infecciones, o los piercings en zonas genitales.

Más sobre

Regístrate para comentar