¿En qué consiste el 'mobbing' a la mujer en el trabajo?

Las nuevas formas de discriminación están relacionadas con la maternidad



Si el siglo XX supuso la irrupción de la mujer en el mundo laboral, el reto del siglo XXI parece que va a consistir en el reconocimiento de sus derechos como mujer y madre en el trabajo. Difundir este mensaje ha sido, entre otras cosas, el objetivo del panel Combatir la discriminación maternal: un nuevo reto para el siglo XXI celebrado esta semana en Nueva York durante la 56 Comisión del Estatus de la Mujer de las Naciones Unidas.

En este sentido, la maternidad debería considerarse como una oportunidad para la empresa, en lugar de como un problema o una desventaja dentro de la carrera laboral de la mujer. Invertir en maternidad y formación, con el fin de reforzar el talento femenino, disminuir la tasa de dependencia por baja natalidad o salvaguardar los derechos de la mujer como madre en el trabajo son algunos de los objetivos de la ONU, que propone como situación más favorable, no sólo que tener hijos no sea motivo de despido, sino que se permita a las madres invertir más tiempo con sus hijos sin provocar pérdidas al empresario, permitiendo que las madres escojan con libertad su horario laboral.

La discriminación dentro del entorno laboral ha dejado, por tanto, de estar relacionada con el género (ya no se discrimina a las mujeres por ser mujeres) sino por su condición de madres, tal y como denunciaba el Instituto de Política Familiar esta semana, instando con ello a los gobiernos a tomar medidas para armonizar la legislación y la organización del trabajo con los derechos de las madres trabajadoras, implementando una perspectiva de familia en las relaciones laborales.

Y es que, si bien la mujer ha logrado abrirse paso en un mundo eminentemente masculino, buscando el reconocimiento de sus derechos sociales, laborales y políticos, ello ha conllevado numerosas renuncias relacionadas con su círculo personal y familiar. La consecuencia social más directa: el descenso de la natalidad y el retraso en varios años del momento en que los padres decididen formar una familia con respecto a generaciones anteriores. Las cifras lo confirman: aunque el deseo de las españolas es de tener 2,7 hijos de media (según fuentes del CIS), la tasa de natalidad se rebaja a 1,3 hijos por núcleo familiar.

Una tendencia mundial que se traduce en un descenso notable de la natalidad en los países desarrollados, y un envejecimiento progresivo de la población. La forma de evitar estas consecuencias personales, sociales, económicas y demográficas: apoyar medidas concretas que favorezcan  la conciliación de la maternidad con el desarrollo profesional de las mujeres, y promover un cambio de mentalidad en la sociedad, que proteja el derecho de fundar una familia sin que ello suponga una carga para las empresas.

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