18 ENERO 2012

¿Son nuestros hijos adictos a las nuevas tecnologías?

¿Cuáles son los efectos de los 'smartphones' y videojuegos en los adolescentes?



Ordenadores, videoconsolas, smartphones, redes sociales... La posibilidad de tener acceso a Internet las 24 horas del día se ha convertido en una de las amenazas tecnológicas que más preocupa a los especialistas respecto a los adolescentes y nuevas generaciones, y no es para menos: cerca del 3 por ciento de los jóvenes mayores de 18 años es adicto a las nuevas tecnologías, y el 8,1 está en riesgo de serlo.

Estos son los datos que se desprenden de la obra ‘De la impulsividad a la dependencia: Adicciones a las nuevas tecnologías’, publicada por el doctor Salvador Ros, presidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada. Un problema emergente que va incrementando su magnitud día a día, y que puede llegar a afectar al desarrollo y a la salud mental de los adolescentes, así como generar una gran demanda sanitaria.

La continua evolución de Internet, los teléfonos móviles, los videojuegos e incluso la televisión ha hecho que se genere y se comparta información de una forma cada vez más rápida. Y aunque en muchos casos ha simplificado muchas actividades, también existen importantes riesgos de 'dependencia': la llegada de los smartphones y las tabletas tipo iPad ha supuesto un cambio en la forma de comunicarnos, y la posibilidad de poder compartir nuestra vida en redes sociales como Twitter o Facebook, en un hábito cada vez más adictivo.

Este tipo de adicción se manifiesta en una necesidad de estar siempre cerca del móvil o del ordenador, y está directamente relacionada con el aumento en los índices de fracaso escolar. En el caso de los niños y adolescentes, detrás de un bajo rendimiento en el 'cole' puede esconderse un problema de adicción a las nuevas tecnologías, que reduce la capacidad de concentración e incrementa los problemas con la memoria verbal.

Otros síntomas que pueden ponernos en sobreaviso: aumento de la irritabilidad, pérdida de interés por actividades que se realizaban previamente, trastornos del sueño o el distanciamiento con la familia o amigos. Uno de los problemas asociados a esta adicción es que, a diferencia de lo que sucede con otros hábitos de abuso, sus efectos no son fácilmente reconocibles hasta que la situación es extrema: en estos casos, los niños no son conscientes de lo que les pasa porque los juegos les hacen sentirse bien, y ejercen un efecto de ganas de superación que no suele ir asociado a una sensación de fracaso.

Según los datos incluidos en el estudio, el 9,3 por ciento de los niños entre 11 y 14 años cumpliría criterios de uso excesivo de estos dispositivos, así como de dependencia y juego patológico.
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