¿En qué consiste el trastorno por hiperactividad?

Sus consecuencias afectan a casi un 7 por ciento de los ‘peques’



Van de un lado para otro, corren, gritan, se mueven a nuestro alrededor, y, cuando comienzan a hacer alguna tarea, la abandonan rápidamente. La hiperactividad infantil es un trastorno de la conducta, que se caracteriza por grandes dosis de actividad, sin un propósito concreto. Esta inquietud supone un grave problema para los papás con niños diagnosticados de TDAH (Trastorno por Hiperactividad y Déficit de Atención), especialmente en lo que educación y seguridad se refiere: si ya los ‘peques’ más nerviosos tienden a ser dispersos y distraerse con facilidad, los niños hiperactivos son incapaces de mantener la atención, con los consiguientes problemas de fracaso escolar que ello supone.

La hiperactividad, que aumenta o disminuye de forma proporcional en cuanto a que los niños estén acompañados o solos en su habitación, es bastante frecuente (se calcula que afecta a un 7 por ciento de la población infantil), aunque existen una serie de indicativos que pueden ayudarte a identificar si tu ‘peque’ es hiperactivo, o solo demasiado nervioso:

- De 0 a 2 años: el niño presenta sueño irregular, con espasmos o despertar sobresaltado. Además, puede mostrar resistencia a los cuidados habituales e irritabilidad.

- Entre 2 y 3 años: se percibe una inmadurez en el lenguaje, actividad motora excesiva, escasa conciencia de peligro y propensión a sufrir accidentes.

- De 4 a 5 años: el niño presenta problemas de adaptación social, desobediencia y dificultades para seguir las normas.

- A partir de 6 años: el pequeño suele ser muy impulsivo, y sufrir déficit de atención, fracaso escolar, comportamientos antisociales y problemas de adaptación.

En estos casos, el tratamiento psicológico es altamente recomendable, ya que una buena orientación puede mejorar ostensiblemente el ambiente en casa y en el ‘cole’, favoreciendo la integración del niño y un refuerzo positivo de su autoestima. Los expertos, además, subrayan el riesgo 'extra' que sufren los ‘peques’ hiperactivos a la hora de tener un accidente, en relación a los niños que desarrollan un gasto energético y actividad normales: entre dos y cinco veces más, especialmente a partir de los 6 años. Los más comunes: heridas, quemaduras, fracturas, traumatismos dentales, atragantamientos, atropellos e intoxicación.

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