Fernando Alberca: ‘La capacidad intelectual de los niños es prácticamente infinita’

Entrevistamos al autor de ‘Todos los niños pueden ser Einstein’

¿Pueden los padres interferir en la inteligencia de los hijos? ¿Nacen los ‘peques’ con unas capacidades determinadas, o es posible convertirles en pequeños genios desde casa? El profesor Fernando Alberca, autor de ‘Todos los niños pueden ser Einstein’, lo tiene claro: a los niños no sólo hay que enseñarles ‘mates’ y lengua, también hay que enseñarles a pensar. Así lo plasma en su nuevo y original ensayo, en el que demuestra, a través de consejos, trucos y ejercicios sencillos, que todos los padres pueden ayudar a incrementar los coeficientes de sus hijos desde la infancia. ¿Quieres saber más?

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Fernando Alberca, autor de ‘Todos los niños pueden ser Einstein’. (PULSA SOBRE LA IMAGEN PARA AMPLIARLA)

¿Hasta qué nivel puede desarrollar un niño su capacidad intelectual?
Hasta cotas que no podríamos siquiera sospechar. Por eso podemos decir de una manera inexacta pero práctica, que la capacidad del ser humano, también del niño, es prácticamente infinita.

¿Hay ejercicios que sirvan también para los padres y las personas adultas, o es el cerebro de los niños más ‘flexible’?
La mayor capacidad de los niños para aprender es un tópico erróneo. El cerebro se va haciendo más capaz conforme la experiencia es mayor y se ejercita más la inteligencia. Por eso los adultos son en realidad mucho más capaces que los niños. Lo que sí se da en los niños es una mayor atención e interés en aprender o experimentar.

Si la genética no determina la inteligencia de los hijos, ¿son los niños superdotados una excepción?
En efecto, lo son, y además son pocos en realidad. Genéticamente hay muchas alteraciones que dan como consecuencia brillantes habilidades, pero los genios que hacen progresar a la humanidad y reconocemos como grandes sabios, fueron en su mayoría personas de inteligencia normal, aunque muy bien aprovechada.

Qué es más importante en el proceso de educación de los ‘peques’: el profesor, los padres o el niño.
Los padres de forma clara. Después los profesores –especialmente para su autoestima-, y el resto de familiares adultos a los que el niño aprecia. Y, por último, el niño.



¿Cuál es el secreto para ser buenos padres y buenos educadores?
Querer. Querer a los hijos y a los alumnos. Educa mejor quien más quiere de verdad, buscando el bien real, y eso el niño lo nota.

¿Es posible incrementar el coeficiente intelectual, o sólo las capacidades de aprendizaje?
El coeficiente intelectual apenas varía a lo largo de la vida. Pero la inteligencia sí. La capacidad que nuestro cerebro tiene para resolver los problemas que se nos planteen, esa sí puede ir creciendo a lo largo de nuestra vida.

¿Qué edad es la más adecuada para comenzar a ejercitar el intelecto de los niños?
En orden de importancia: de 0 a 3 años en primer lugar. Después de 4 a 6. De 7 y 12 en tercer lugar. Y a partir de ahí, siempre.

¿Cómo hay que reaccionar cuando estamos ante un mal estudiante?
Dándose cuenta de que las malas calificaciones o el poco rendimiento son una consecuencia en vez de una causa, y que generalmente están relacionadas con la baja autoestima o el deseo de llamar la atención por un problema emocional. Y en ambos casos comenzar por la motivación –de la que hablo de forma principal en el libro-, y por practicar algunas técnicas de estudio: lectura, subrayado, resumen, esquemas, presentación, una memoria más eficaz, concentración y relajación.

Un truco o ejercicio sencillo para hacer en casa, y que anime a los padres a comprar el libro.
Como el libro propone dos grandes líneas, la motivación y un método eficaz, sugiero por un lado alabar a nuestro hijo cinco veces por cada reproche que le hagamos, y por otro, rellenar un tarro transparente de sal y otro de azúcar, y que nuestro hijo intente acertar cuál es cuál a simple vista en el menor tiempo posible.

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