¿Qué es y cómo afecta el labio leporino a los niños?

El labio hendido es una de las malformaciones más habituales entre los recién nacidos



Observando de cerca el proceso de formación de las facciones del rostro en los bebés, es fácil adivinar que es aquí, entre el segundo y tercer mes de gestación, cuando tiene lugar la aparición del conocido como labio leporino o hendido, una anomalía que se presenta en forma de hendidura abierta en el labio superior, y que se origina por la fusión incompleta de los procesos maxilar y nasolateral del embrión.

Esta malformación congénita, presente en uno de cada 750 recién nacidos, es una de las más comunes, y suele darse sobre todo en bebés con predisposición genética a padecerlo, casi siempre ‘combinada’ con otros factores externos como la malnutrición de la madre, el consumo de alcohol o tabaco durante el embarazo, o la exposición a ciertas sustancias nocivas. Durante el proceso de formación de la carita del bebé, los cinco lóbulos presentes en la cabeza se desplazan suavemente hasta encontrar su sitio, formando ojos, nariz, mejillas, barbilla y boca. Cuando dos de estos lóbulos no llegan a encajar en su sitio, el espacio hueco que queda entre ellos, que puede ser considerado unilateral, si afecta sólo a uno de los lados de la boca, o bilateral si afecta a los dos, daría lugar a esta anomalía del rostro.

Junto con el labio leporino, el paladar hendido suele ser la segunda malformación más habitual, presente conjuntamente en el 50 por ciento niños que presentan el labio partido. En estos casos, la hendidura se extiende por el paladar superior hasta la cavidad nasal (paladar duro), llegando incluso a afectar a la campanilla (paladar blando), en forma de campanilla bífida.
Aunque el labio leporino y el paladar hendido no afectan al desarrollo motor o mental del bebé, si es cierto que la extensa mayoría necesitan someterse a cirugía craneofacial a partir de los tres meses, a fin de corregir al máximo posible la malformación. Las intervenciones, que pueden extenderse hasta la adolescencia o incluso la edad adulta, dependerán de la gravedad de la fisura, y será más o menos complejo a fin de evitar los problemas en el habla, el crecimiento de los dientes, las infecciones en los oídos o la posible exclusión que pueda sufrir el pequeño por ser ‘diferente’ una vez haya empezado el cole o la guardería.

En lo que respecta a la alimentación, los bebés con labio o paladar hendido requieren de una atención extra por parte de las mamás, que tendrán que preveer posibles dificultades en la succión, así como la posibilidad de que la leche llegue accidentalmente a la cavidad nasal antes de realizarse la cirugía reconstructiva. Las tetinas diseñadas para este tipo de casos, y los dispositivos específicos como los paladares protésicos, ayudan a facilitar el proceso, y mejorar la calidad de vida del bebé en estas primeras semanas.

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