El sarampión, la rubéola y la difteria ‘vuelven’ a Europa

Los movimientos migratorios y la negativa de los padres a vacunar a los ‘peques’ potencian los contagios de enfermedades hasta ahora erradicadas



Un reciente brote de sarampión en Andalucía hacía saltar todas las alarmas: algunas infecciones ya erradicadas están reapareciendo en Europa, en mayor medida provocados por los movimientos migratorios, y la llegada de personas que no fueron vacunadas en sus países de origen. Ciudadanos que llegan a España con pautas de inmunización diferentes, y que sufren un desfase respecto al calendario oficial, aumentando con ello el riesgo de contagio, y haciendo que algunos virus ya erradicados en Europa reaparezcan con virulencia.

Un problema difícil de controlar, pero cuya expansión entre la población infantil tiene, sin embargo, unos culpables muy diferentes: según apunta el coordinador del comité de vacunas de la Asociación Española de Pediatría, Josep Marès, es casi siempre la negativa de los padres a inmunizar a sus hijos la responsable de que estos brotes se extiendan descontroladamente entre los niños. Algunas de estas enfermedades de ‘nueva generación’ serían, por ejemplo, el sarampión, una dolencia hasta hace 30 años muy frecuente en España, las paperas o la tos ferina, todas altamente contagiosas y fácilmente trasmisibles; en el resto de Europa, por su parte, se han detectado brotes de rubéola, difteria e incluso casos de poliomelitis.

La solución: asegurar la máxima cobertura de vacunación entre la población y, en el momento de presentarse el brote, vacunar a todas las personas susceptibles de no estar vacunadas y adelantar la vacunación a los lactantes a partir de seis meses. Todo un reto para la AEP, que ya a día de hoy se enfrenta a la mentalidad de muchos padres, que tienden a pensar que, al haber una escasa incidencia de determinados virus, no es necesario someter a los niños a tantas inyecciones preventivas.

Sin embargo, la inmunización generalizada ha demostrado ser una de las medidas más eficaces a la hora de erradicar algunas enfermedades infecciosas de efectos tan terribles como la viruela. De hecho, esa baja prevalencia es el resultado de la alta efectividad de algunas de estas vacunas sistemáticas en el pasado, y de ahí la necesidad de darles continuidad, a fin de no crear ‘lagunas’ de población potencialmente susceptible de contraer y expandir estas enfermedades.

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