¿En qué consiste el Trastorno por Hiperactividad?

La gran mayoría de niños que lo sufren no reciben el diagnóstico adecuado



La gran mayoría de niños disponen de una cantidad de energía que es difícil de seguir por los mayores: deportes, juegos, clases, actividades extraescolares, excursiones, carreras en el recreo, toneladas de deberes... Y, aún así, muchas veces les sobran fuerzas al final del día para hacer alguna que otra travesura, antes de caer rendidos en la cama. Por eso, para muchos padres resulta especialmente difícil detectar cuándo se está ante un niño especialmente nervioso, y cuándo nos hayamos ante un caso de Trastorno por Hiperactividad y Déficit de Atención, o TDAH: hasta un 7 por ciento de la población infantil puede llegar a sufrir este tipo de trastorno, sin que, en la mayor parte de los casos, llegue a estar correctamente diagnosticado.

Al menos así lo indican los últimos estudios llevados a cabo en la Comunidad Autónoma de Andalucía, y que, además, subrayan el riesgo 'extra' de sufrir un accidente que padecen los niños afectados, comparados con los 'peques' que desarrollan un gasto energético y actividad normales: entre dos y cinco veces más, especialmente entre los 'chavales' de edades comprendidas entre los 6 y los 14 años. Los riesgos más comunes: heridas abiertas, quemaduras, fracturas, traumatismos dentales, atragantamientos, caídas de la bicicleta, atropellos e intoxicación. Unos datos sin duda preocupantes, y que elevan las cifras de accidentes hasta el punto de que muchos niños que sufren TDAH sin diagnosticar acumulen en su historial hasta cinco fracturas, siete heridas con sutura o tres hospitalizaciones por accidente, antes de cumpir los 14.

El principal problema del diagnóstico tardío afecta sobre todo al desarrollo educativo y escolar, ya que la falta de tratamiento puede provocar un retraso en el 'cole' difícil de recuperar, y que muchas veces se acompaña de una sensación de fracaso que puede marcar la vida del pequeño hasta ya pasada la adolescencia. Los síntomas que nos deben poner sobre alerta antes de consultar a un especialista: las dificultades para prestar atención, retener información o cambiar de un foco de interés a otro, el exceso de actividad, o un escaso control de la impulsividad, por el que generalmente no pueden parar de hacer lo que están haciendo o que les lleva a distraerse con frecuencia. Alteraciones muy comunes entre los 'peques' de la casa, que en los casos de TDAH se traducen en problemas concretos, como las dificultades para leer (el 60 % de los casos, ocho veces más que entre los niños no afectados), para escribir (72% de los casos), dificultades con las matemáticas o para seguir bien las instrucciones en clase, dificultades para completar los trabajos asignados en el aula y problemas de organizacion. Los TDAH con exceso de impulsividad, además, presentan problemas de conducta que afectan a sus relaciones con los compañeros de clase, y muchos de ellos se prestan a alterar la dinámica de la misma. Estos últimos son, además, los que mayor exposición tienen a sufrir un accidente que conlleve fractura, sutura u hospitalización.

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