Tu primer hijo está en casa... ¿Y ahora qué?

Durante los primeros días tras el nacimiento del niño, las madres, especialmente si son primerizas, suelen experimentar cierta ansiedad y sentimientos encontrados

No cabe duda de que la maternidad es para muchas mujeres uno de los acontecimientos más importantes de sus vidas. Sin embargo, esta experiencia única, que debería ser siempre gratificante, en algunas ocasiones, y muy especialmente cuando se es madre primeriza, puede tener momentos de tensión, con algunos sobresaltos y temores, que puede desembocar en lo que los expertos denominan depresión postparto. ¿La razón? Pues, entre las causas más comunes, pueden estar el desconocimiento en el manejo del bebé, la sensación de incapacidad para criarlo, el temor a que se ponga enfermo... Son sentimientos que suelen aparecer durante los primeros días después del nacimiento del niño pero que, normalmente, desaparecen sin más complicaciones.

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Ya sea que te encuentres en esta situación o bien estés esperando tu primer hijo, te ofrecemos una serie de recomendaciones para que todo discurra sin ningún problema.

Cómo actuar los primeros días en casa

  • Es muy importante la confianza en tu pediatra. Antes de salir de la clínica, debes aprovechar para preguntarle todas las dudas que te surjan. Y, además, siempre que sea posible, hay que intentar tenerlo localizado ante cualquier imprevisto que pudiera surgir.
  • En estos primeros momentos, es importante dejarse aconsejar y estar acompañada por personas con experiencia; puede ser tu madre, una hermana...
  • Debes tener especial cuidado con la habitación del niño (durante los primeros días puede ser el dormitorio de los padres); hay que ventilarlo al menos una o dos horas diarias. La temperatura ideal es de 21-22º C, y la humedad, en torno a un 70%.
  • El bebé debe estar solo y tranquilo, pero siempre vigilado (de hecho, existen radiotransmisores muy útiles que permiten controlar el estado del niño en cada momento).
  • Procura que los horarios de comidas, salidas e higiene sean ordenados y regulares.
  • La relación y el contacto físico con el bebé se debe reservar para los momentos de alimentación e higiene. Fuera de ellos, hay que intentar cogerlo lo menos posible. No está de más que recuerdes que el niño no debe relacionar nunca el llanto con que le cojas en brazos. De ti depende que en un futuro el niño no se acostumbre mal y reclame tu presencia de una manera constante.
  • Debes saber que el llanto es la única forma que tiene el bebé de relacionarse con el mundo exterior, y casi siempre, en la mayoría de los casos, se produce por una sensación de incomodidad o por una necesidad (como puede ser el hambre).
  • Es conveniente que los primeros días de vida se pasen en casa. Pasada la primera semana o los primeros diez días, el niño debe comenzar a salir al exterior. Durante el invierno, es mejor sacarle en las horas centrales del día, y en los meses de verano, en las mañanas y al atardecer, cuando el sol calienta menos y el ambiente es más fresco.
    Está comprobado que los paseos y la vida al aire libre tranquilizan y relajan al bebé, estimulan su apetito y facilitan en gran manera su sueño. De ahí que sea muy recomendable convertir el paseo con el bebé en una sana costumbre.

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