'Mi hijo se niega a comer, ¿qué puedo hacer?'

Es un problema más frecuente de lo que puedas imaginar. El doctor Jaime Dalmau te ofrece algunas recomendaciones para hacer frente a este problema

¿Cuántas veces te has visto en esta situación? Que los niños se nieguen a comer es, posiblemente, uno de los problemas que más angustia a los padres que, muchas veces, se sienten impotentes para poder solventar la situación. Por esta razón nos hemos puesto en contacto con el doctor Jaime Dalmau, coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, para que nos explique las causas y las posibles soluciones a este problema.

La alimentación de los niños es uno de los grandes caballos de batalla de los padres, especialmente cuando se niegan a comer (una vez que comienzan a ingerir alimentos sólidos). ¿Qué razones puede haber para que un niño presente este problema?

En ausencia de enfermedad orgánica (infecciones, alergia alimentaria, reflujo gastroesofágico, anorexia, etc,) los niños se niegan a comer cuando la alimentación no es un acto agradable: se les da con prisa, forzándolos, con posturas incómodas. Suele ser un problema conductual de carácter progresivo: empieza poco a poco y con el tiempo se agrava.

¿Es bueno que los padres se obsesionen ante la falta de apetito de su hijo, a pesar de que no exista, aparentemente, ningún problema de salud?

No, ya que empeoran el problema. En los primeros momentos, los padres o cuidadores deben tener claro si el niño come suficiente y, para ello, es recomendable que consulten con el pediatra. Este valorará si existen síntomas o signos de enfermedad, la curva de peso, y determinará si existe o no un problema del que preocuparse.

¿Es necesario seguir a rajatabla los percentiles establecidos?

No, los percentiles, que se establecen en base al peso/altura para la edada, indican la “normalidad estadística” pero no la presencia de enfermedad. En niños pequeños, la pérdida de un percentil es un fenómeno relativamente frecuente y, por ello, es conveniente que los padres informen al pediatra de cualquier cambio clínico y no adopten medidas de forma unilateral. La interpretación de los percentiles debe hacerla el pediatra, no los padres.

¿Cuáles son los mejores consejos para hacer frente a este problema?

En primer lugar, prevenir el problema. Cuando se introduce la alimentación complementaria, y especialmente a partir de los 12-14 meses cuando el niño ya manifiesta sus preferencias, no se les debe obligar a comer una determinada cantidad o alimento, lo que debemos intentar es que ese momento sea agradable y, para ello, que mejor que los padres estén, jueguen y hablen con él.
Si la situación se mantiene, habrá que reconducir sus hábitos conductuales para que disfruten de la comida. Esto, por supuesto, requiere tiempo y paciencia ya que el niño tiene que desechar los malos hábitos y los padres tienen que aprender y enseñar nuevas costumbres.

Hay niños que sólo comen determinados alimentos, es decir, que son muy selectivos con lo que comen. ¿Cómo hacer para que el niño tenga una alimentación variada?

Es normal que durante el periodo pre-escolar el niño reduzca el número de alimentos. Para que no ocurra hay que presentárselos de manera atractiva y una de las mejores maneras es que vean que los padres comen lo mismo. Si hay alguno que sistemáticamente rechazan, no se debe forzar sino sustituirlo por otro perteneciente al mismo grupo pero que tenga otra consistencia y sabor (por ejemplo, si rechaza el plátano ofrecerle una pera, y presentada de manera diferente).

En el mercado existen infinidad de productos enriquecidos (por ejemplo cereales con miel...), ¿es bueno que los padres recurran a ellos para que los niños coman?

En principio no es necesario sustituir alimentos naturales por los enriquecidos, ya que a estos niños lo que no les gusta es comer y les da igual que el producto sea natural o esté enriquecido. En el caso de estos últimos, además se les acostumbra a una clase de alimentos que no recibirán en el colegio o guardería. Hay que enseñar a comer naturalmente tanto en la forma de dar la comida como en la composición de los productos.

¿Tu hijo tiene este problema? ¿Cuál ha sido tu experiencia?

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