¿Has elegido ya el campamento de verano de tus hijos?

Los campamentos son una sana alternativa de ocio durante las primeras semanas de las vacaciones estivales



Conciliar vida familiar y laboral no es nada fácil, especialmente cuando, como en la gran mayoría de familias españolas, tanto la madre como el padre poseen puestos de trabajo estables: además de organizarse a la hora de llevarlos al cole, recogerlos, preparar la cena o hacer los deberes con ellos, la llegada del verano, y con él, el temido y larguísimo período vacacional, se convierte en un auténtico juego de malabares a la hora de plantearse qué hacer con los peques. Tres meses de tiempo libre por delante, que muchas veces resulta casi imposible combinar con las poco más de tres semanas de vacaciones que los papás disponen en total por año trabajado.

Los campamentos de verano suponen una alternativa divertida, sana y cien por cien beneficiosa para los peques de la casa: desarrollan nuevas habilidades de socialización rodeados de otros niños de su edad, distintos de los que ven en el colegio, adquieren un mayor nivel de independencia, y, en definitiva, disfrutan de infinidad de actividades, juegos, deportes y talleres creativos al aire libre, de una manera que no podrían hacerlo estando en la ciudad, o encerrados en casa frente a la videoconsola.

La clave para que tanto padres como hijos disfruten de la estancia en el campamento es dar con el más adecuado para ambos: hoy en día, existen multitud de escuelas de verano que se adaptan tanto a las necesidades económicas de los papás (una buena alternativa para recortar el precio es optar por los campamentos urbanos, en los que los niños vuelven a dormir a casa), o a las necesidades de aprendizaje del pequeño, en caso de que necesite algún tipo de refuerzo escolar durante las vacaciones (por ejemplo, los campamentos de inglés).

Una vez tengáis decidido cuál es el mejor en función de sus actividades, precio y emplazamiento, es importante, también, cerciorarse de una serie de detalles, para que no tengamos ninguna sorpresa de última hora: revisar la edad y titulación de los monitores y encargados, visitar las instalaciones y requisitos de seguridad, comprobar que se permitan visitas de los padres al menos una vez durante toda la estancia de los peques en el campamento, chequear los menús, horarios y planning de actividades o informarse de cuál es la cobertura sanitaria en caso de que algún niño sufra algún percance durante su estancia (seguros de accidentes y de responsabilidad civil, además de seguro de viajeros en caso de que entre las actividades cuenten con una excursión en autobús), son algunas de las reglas básicas para pasar un verano sin sobresaltos. Una de las novedades más llamativas de los campamentos es su reciente integración en las redes sociales, como Facebook o Twitter: basta con conectarse a Internet para saber a ciencia cierta cuáles han sido las actividades de la jornada de los niños, ver algunas fotos o saber qué comerán mañana, sin interferir en su rutina diaria.

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