¿Cuáles son los síntomas de la astenia primaveral en los niños?

Los 'peques' también sufren el cambio de estación durante los primeros meses de calor del año



Bostezos, dolor de cabeza, alteraciones del sueño, falta de apetito... Llega la primavera, y, con ella, la temida astenia primaveral. Una afección que también afecta a los mas pequeños de la casa y que, si se 'atrapa' a tiempo, puede prevenir sus peores efectos, ahorrando infinitas molestias a los niños, que, en muchas ocasiones, interfieren en el desarrollo de sus tareas escolares con normalidad, especialmente importantes a estas alturas del curso escolar.

La razón: aunque no está tipificado el origen de la astenia primaveral, muchos expertos coinciden en señalar los cambios de biorritmo propios de la llegada de la nueva estación como los culpables de este estado, que provoca irritabilidad, desgana, apatía y agotamiento a partes iguales. El mayor número de horas de luz al día y su impacto en el organismo genera una sensación de agotamiento en pequeños y adultos, que se multiplica si, además, sufrimos de la consabida alergia asociada a esta estación. Los efectos de la astenia interaccionan con el picor de ojos, estornudos, toses y bloqueo nasal, haciendo de estos primeros cálidos meses del año un pequeño infierno diario.

¿Qué podemos hacer?

Es importante para los padres estar atentos a los cambios de conducta de los 'peques' en estos meses. La astenia es difícil de detectar (no puede medirse con un termómetro, ni presenta cuadros de dolor ni se cura con una serie de medicamentos). Controlar las alergias mediante revisiones periódicas con el pediatra, practicar deportes que les ayuden a regular las horas de sueño, evitar exposiciones prolongadas al sol o poner un especial cuidado en la alimentación (los zumos de frutas, cargados de vitaminas y 'repelentes' naturales de las alergias, la miel y la jalea real y la dieta  funcionan a la perfección), son algunas de las normas básicas para hacer del tránsito primaveral una época mucho más placentera. Eso sí, si los síntomas se prolongan durante más de quince dias, es importante consultar con el pediatra o médico de cabecera.

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