¿Qué es y para qué sirve la monitorización fetal?

Es una prueba de enorme importancia durante la última etapa del proceso de gestación, y más exactamente durante el último mes del embarazo

Con la monitorización el médico, mediante un cardiotocógrafo, podrá comprobar parámetros como, por ejemplo,  la frecuencia cardíaca del feto, las variaciones del flujo sanguíneo o las contracciones del útero, entre otros. Aspectos de vital importancia durante la última etapa del embarazo. 

También se comprueba si el feto está despierto o si se duerme e intenta despertar cuando la madre ingiere algo dulce o mediante estímulos que realiza la matrona sobre el abdomen de la madre.

 

Conocer el estado del feto

Hay dos tipos de monitorización fetal. El primero se realiza de forma externa y en él, los médicos pueden comprobar la frecuencia cardíaca fetal a través de unos sensores que están colocados en un cinturón que se le pondrá a la mujer sobre el vientre mientras está acostada. Por otro lado, la monitorización fetal interna es algo más compleja, pues se precisa la colocación, a través del cuello uterino, de unos electrodos en la cabeza del bebé. Estos electrodos realizan comprobaciones similares a las de la monitorización externa.

El mayor inconveniente de la monitorización interna es su relativa agresividad, pues precisa romper las membranas amnióticas para colocar los electrodos, lo que aumenta el riesgo de posibles infecciones. Si además el dispositivo se coloca forzándolo, se podría provocar una lesión en la pared del útero, o incluso un daño fetal. Sin embargo, tomando las debidas precauciones y en manos expertas, estas complicaciones resultan muy poco frecuentes. La mayor ventaja de la monitorización interna es su gran precisión, lo que hace que muchos especialistas opten por este método.

 

Vigilar el ritmo cardíaco

“La ventaja de la monitorización fetal externa es que resulta una prueba no invasiva y ofrece un registro de la repetición y la estabilidad de las contracciones. Sin embargo, su mayor desventaja es la incapacidad para determinar la intensidad de estas contracciones, debido a los incesantes cambios de posición que tiene que hacer la mamá para acumular datos”, afirma el doctor Gabriel Cano.

Durante la última etapa del embarazo, la monitorización se efectúa cada semana. Sin embargo, al superar las 40 semanas la prueba se repetirá cada tres días hasta el momento del parto. La duración de esta prueba es de aproximadamente media hora, durante la cual se genera una gráfica capaz de detectar problemas como el sufrimiento fetal u otras anomalías.

Si durante la monitorización fetal el ritmo cardíaco se encuentra por debajo de 120 pulsaciones por minuto o por encima de 160, el bebé podría estar presentando complicaciones, por lo que se deberán realizar otros tipos de pruebas para diagnosticar y tratar el problema lo antes posible.

Más sobre: