'Mi hijo sufre convulsiones febriles, ¿qué debo hacer?'

Es un proceso que, en la mayoría de los casos, no reviste gravedad, pero conviene que sean los especialistas quienes verifiquen que las convulsiones están motivadas por la fiebre y no por otros factores de tipo neurológico, como por ejemplo, la epilepsia

Las convulsiones en los niños resultan muy alarmantes, especialmente para los padres primerizos. Muchos de ellos piensan que su hijo puede tener un problema grave al sufrir este tipo de episodios y lo primero que se les pasa por la cabeza es que pueda tratarse de epilepsia.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, estas convulsiones que están caracterizadas por pérdida del conocimiento, ojos vueltos hacia arriba, salida de espuma por la boca y contracciones musculares que el niño no puede controlar, están motivadas no por la epilepsia sino por procesos febriles.

“A pesar de resultar bastante escandaloso en su aparición, este tipo de convulsión febril típica no reviste ningún tipo de gravedad y se puede reconocer porque el niño sólo sufre las convulsiones cuando tiene fiebre alta, nunca en ningún otro momento”, afirma el doctor Gabriel Cano, cirujano traumatólogo de Barcelona.



Convulsiones provocadas por fiebre alta

Generalmente, este tipo de aumento de temperatura suele estar provocado por algún tipo de infección viral. No todos los niños la sufren, generalmente es algo hereditario, ya que el 30% de los casos en los que se produce está provocado por herencia genética de los progenitores.

Lo común es que este proceso se repita en más de una ocasión. Sin embargo, resulta básico que sean los profesionales los que diagnostiquen si efectivamente el niño sufre convulsiones motivadas por la fiebre o si existe algún otro factor que pueda estar provocando este problema.

Cuando el pequeño sufre las convulsiones es necesario vigilar al niño de manera intensa, sin dejarlo solo ni un momento.

En primer lugar, es necesario hacer lo posible por bajar la fiebre del pequeño. Para ello, será necesario quitarle toda la ropa y pasarle paños o una esponja empapada en agua tibia, nunca fría.



Vigilar al pequeño durante este proceso

No se debe intentar sujetarlo ni meterle nada en la boca para evitar que se muerda, porque podría conseguirse el efecto contrario y el pequeño podría ahogarse. Otra medida es la de apartar cualquier objeto que pudiera haber a su alrededor porque con el movimiento de las convulsiones podría hacerse daño.

Generalmente, este proceso no suele tener una duración de más de un cuarto de hora, y pasado este tiempo y manteniendo siempre la calma, será necesario acudir a un centro de salud donde algún profesional pueda ratificar que el pequeño se encuentra bien y solicitar las pruebas necesarias si así lo considera oportuno.

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