Problemas visuales: Ayuda a tu hijo

Siguiendo el tratamiento adecuado, superará las dificultades y podrá desarrollar una vida normal sin ninguna complicación

Cuando los niños nacen con algún tipo de discapacidad visual, resulta importante que se realice un tratamiento precoz que ayude al pequeño a adaptarse a ese hándicap con el que tendrá que convivir el resto de su vida, evitando crear otros que le impidan desarrollar una vida normal.

Resulta de vital importancia una intervención a tiempo, ya que de lo contrario, esto puede llevarles a retrasos en su desarrollo, llegando en ocasiones a tener secuelas irreversibles que, en los casos más extremos, se presentan como cuadros psicóticos.

“En la actualidad, desde el momento del nacimiento, tanto la visión como la audición son observadas por medio de una serie de pruebas específicas, ya que resulta de vital importancia detectar posibles dificultades lo antes posible”, asegura Verónica Minguito Orellano, Logopeda y especialista en atención temprana y psicomotricidad.

La estimulación es imprescindible
Por eso, el trabajo preventivo debe estar dirigido especialmente a las familias, aunque no se puede dejar de lado la necesidad del trabajo terapéutico con el propio niño.

La psicomotricidad es uno de los aspectos que se ven más duramente afectados por la ausencia de visión, ya que la incapacidad de encontrar la información de manera visual repercute negativamente sobre su movilidad.

Las edades a las que los niños con discapacidad visual realizan ciertos movimientos tiene un retraso de varios meses en relación con las pautas de desarrollo “normales” para niños videntes.

Verónica Minguito afirma que: “es importante enseñar a los padres con niños que cuentan con dificultades visuales a estimularlos, ya que en muchos casos lo que se está produciendo es precisamente un déficit de estimulación ya que no conocen la manera adecuada de hacerlo o piensan que su presencia o sus estímulos no le llegan al pequeño”.

Dificultades con el entorno
La dificultad para controlar aquello que les rodea, ya que los objetos y personas aparecen o desaparecen, o incluso si cuentan con una visión nula, provoca una enorme restricción a la hora de realizar movimientos y, por lo tanto, una incapacidad para realizar el cambio de postura de manera natural, llegando incluso a adoptar posturas inadecuadas, lo que puede hacer que el niño genere una actitud pasiva y con tendencia al aislamiento.

Uno de los momentos en los que mejor se observa este problema es cuando llega la hora de gatear, algo de vital importancia para lograr las primeras conquistas del espacio ya que existe una total carencia de motivación por alcanzar objetos que o bien tienen dificultad para ver o que ni tan siquiera pueden distinguir a cierta distancia. Unida además a los retrasos en las conductas de sostener y levantar el cuerpo, provoca la práctica ausencia del gateo en los niños con discapacidad visual.

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