Cuándo acudir al logopeda

Los problemas de pronunciación de los más pequeños pueden corregirse con la supervisión de un profesional y unos sencillos ejercicios

El problema de los niños a la hora de pronunciar algunos fonemas no es algo tan raro. Con el paso del tiempo, los más pequeños van mejorando en su pronunciación y dejan de lado los balbuceos. El dilema surge cuando llega una edad, a partir de los 4 o 5 años, en la que siguen sin pronunciar determinados fonemas, como son la 'r', 'rr', llamado rotacismo, o confunden fonemas, como en el caso de la 's' y la 'z'. 



La dislalia

Existen dos tipos de dislalia, que no tienen nada que ver la una con la otra: la fonética y la fonológica.  La primera, que es a la que todo el mundo hace referencia, tiene lugar cuando el niño no sabe pronunciar algún fonema; es decir, no lo tiene adquirido, como suele ser la 'r' simple o doble. Mientras que la dislalia fonológica se produce cuando el niño confunde fonemas, es decir, conoce esos fonemas pero confunde unos con otros como, sucede por ejemplo con la 's' y la 'z'.


Dislalia fonética

Sobre la 'rr', una de las que más cuesta pronunciar, la logopeda Yolanda Solís Fuego explica que esta dificultad se debe a que es uno de los fonemas que se adquiere más tarde por su difícil pronunciación. Solís comenta esta dificultad de un modo gráfico “hay que expulsar el aire con fuerza para que vibre sólo la punta de la lengua, no toda ella, y esto es una gran dificultad para los más pequeños. La r suave es mucho más fácil, puesto que no requiere de esa vibración y por consiguiente les cuesta menos”.


Trabajar con ellos para que sepan esa dificultad

La terapia más habitual para modificar esta conducta, nos cuenta Solis Fuego, tiene distintas etapas. En un principio lo que se intenta es reeducar la respiración, “que sea una respiración diafragmática, es decir que se hinche el abdomen. Al hablar utilizamos aire y si no lo aprovechamos bien tendremos problemas para pronunciar. Tras este ejercicio, se llevan a cabo prácticas bucofonatorias para que ejerciten y muevan los músculos y partes de la boca que van a necesitar para pronunciar el fonema con el que tienen problemas”. Dentro de éstas figuran acciones como el hecho de intentar tocar con la lengua la nariz, meter y sacar la lengua lo más rápidamente posible, subir y bajar la lengua, intentar tocar con la lengua el mentón...

Una vez hechos los ejercicios de movilidad, que en el fondo son un juego para él, se hace un dibujo con la posición que debe adoptar tanto la lengua, como los dientes y los labios. Para, posteriormente, hacer la prueba de que el niño, dentro sus posibilidades, haga un dibujo similar para que tenga una percepción de cómo es la boca y cómo tiene que estar. 

Además, Solís Fuego, explica que conocer lo máximo posible la posición les ayuda muchísimo porque luego serán ellos los que tienen que intentar poner la lengua en su sitio para pronunciar el fonema. Llegados a este punto, Solís aclara que “en el caso de que no puedan con un guialenguas, se les intenta guiar la lengua a su sitio para que empiecen a emitir el fonema adecuadamente. Una vez que se consigue la pronunciación hay que generalizarlo y comenzar a incluirlo en palabras de manera que el niño empiece a combinarlo con otros fonemas hasta que consiga incluirlo dentro de su sistema fonológico” .

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