Ojo cuando los niños dicen: “No veo bien”

Repasamos los problemas más comunes de la visión en los más pequeños

‘Veo veo, ¿qué ves?, una cosita...’ dice una de las canciones infantiles más populares. Y es que a través de sus ojos el niño descubre el mundo que le rodea, conoce y aprende. Son un elemento imprescindible para su correcto desarrollo físico, psíquico e intelectual. Hoy existen métodos y medios para desarrollarse normalmente en ausencia de una correcta visión, pero hasta hace poco la ceguera o las enfermedades graves de los ojos ocasionaban minusvalías que impedían el correcto crecimiento del pequeño.

Al ser el nervio óptico una prolongación del cerebro y estar unido en su maduración a éste, se sospecha que hasta los dos meses de vida, el niño no ve de una manera ‘eficaz’ y, de hecho, hasta los seis o siete meses no tiene visión ‘binocular’ correcta. La visión es, por tanto, el sentido que tiene un desarrollo más lento en un niño normal. A lo largo de toda la infancia y desde el nacimiento es obligatorio el control de la salud de los ojos del niño. Su pediatra, a través de las exploraciones periódicas de los reflejos pupilares y del fondo del ojo; sus padres, preguntando o llamando la atención sobre cualquier anomalía que observen; sus maestros y educadores deben darse cuenta si tienen trastornos visuales o dificultades en el aprendizaje debidas a una mala visión, y, por supuesto, el oftalmólogo debe vigilar al niño de forma periódica para mantener una buena salud ocular.

Afortunadamente, los problemas más frecuentes en oftalmología pediátrica son de naturaleza leve y de fácil solución, pues la mayoría de los casos afectan a estructuras periféricas de la visión y no al propio ojo o a la visión propiamente dicha. La fotofobia, el orzuelo o la dacriocistitis son patologías habituales que mejoran rápidamente con tratamiento adecuado y no presentan grave peligro.

Problemas más frecuentes
  • Alteraciones en la refracción: son los defectos oculares que dan lugar a una visión borrosa y que aparecen a lo largo de la infancia o, más frecuentemente, en la adolescencia. Las alteraciones de la agudeza visual precisan para su correcto diagnóstico de la colaboración del niño o del uso de aparatos de optometría que puedan cuantificar el grado y la intensidad del defecto.
  • Astigmatismo: produce una visión distorsionada de las líneas verticales y diagonales debido a una curvatura desigual de la córnea. Puede aparecer en edades muy tempranas, no se agrava con la edad y se corrige con cristales cilíndricos.
  • Miopía: debido al aumento del diámetro antero-posterior del globo ocular, las imágenes lejanas se enfocan por delante de la retina y dan lugar a una visión borrosa. La miopía de aparición temprana es más intensa y más grave que la que aparece en la adolescencia. Para corregirla, se utilizan cristales cóncavos y, en la actualidad, se opera (con bastante éxito) con técnicas de láser.
  • Hipermetropía: es lo contrario a la miopía. El diámetro antero-posterior del ojo es más corto de lo debido y la imagen que entra se enfoca por detrás de la retina, produciendo visión borrosa. Los niños tienen frecuentemente hipermetropía debido al desarrollo ocular y va desapareciendo con el crecimiento y la maduración del ojo. Se corrige con cristales convexos.
  • Estrabismo: Es una de las consultas más frecuentes en pediatría, pues los niños hasta los seis meses no tienen una visión binocular y cada ojo ‘va por su lado’. Además, al tener poco pronunciado el puente nasal, muchos niños tienen un pliegue en la comisura ocular nasal conocido como "epicantus", que engaña y hace aparecer la mirada como si tuviera un estrabismo convergente. La causa más frecuente es el defecto en la visión de uno de los ojos, con la falta de utilización del ojo afectado y la consiguiente aparición de ‘ojo vago estrábico’ y la existencia de visión con doble imagen. Al suceder esto, el cerebro deja de utilizar la imagen defectuosa de ese ojo, utilizando sólo el ojo que ve bien. El tratamiento inicial suele ser el uso de un parche para tapar el ojo bueno y usar el que tiene problemas, una vez corregidos éstos. Los estrabismos paralíticos por alteraciones o defectos de los músculos oculares externos pueden aparecer al nacimiento o más adelante y se benefician del tratamiento quirúrgico, acortando o alargando los músculos afectados.
  • Cataratas: son poco frecuentes en la infancia. Existen enfermedades congénitas de tipo metabólico que pueden dar lugar a su aparición en el período neonatal o durante la lactancia. La catarata consiste en una opacidad del cristalino que dificulta o impide la visión. El tratamiento es siempre quirúrgico y lo más precoz posible para evitar problemas permanentes en el desarrollo de la agudeza visual.
  • Daltonismo: los conos son células presentes en la retina, encargadas de diferenciar los colores. El daltonismo, que suele ser una condición heredada, hace confundir los colores. El tipo más frecuente es aquel que no distingue el verde del rojo. La rehabilitación visual es el único tratamiento eficaz.
  • Conjuntivitis: enrojecimiento de la conjuntiva como consecuencia de una dilatación de los vasos capilares. Las causas más frecuentes son las infecciones, pero también las producen la alergia, los cuerpos extraños, los traumatismos y las sustancias tóxicas e irritantes. Los síntomas son enrojecimiento conjuntival, lagrimeo, escozor, fotofobia y secreción mucosa. El tratamiento dependerá de sus causas. No deben utilizarse colirios sin haber consultado antes con el médico. El lavado con agua de manzanilla o suero fisiológico siempre es beneficioso.
  • Traumatismos oculares: las lesiones oculares son una de las causas evitables más frecuentes de patología ocular en la infancia. Tóxicos, objetos punzantes o cortantes o impacto violento son, entre otras, causas de traumatismos. La prevención es básica para evitarlas y la consulta al oftalmólogo tiene que ser lo más rápida posible.

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