Cuidado estacional

Tanto en verano como en invierno, los bebés necesitan de ciertos cuidados especiales, que muchas veces se pasan por alto.

Enemigos en verano
Mucho, mucho, mucho cuidado con el sol. Los daños provocados hoy se verán veinte o treinta años después, y no será para bien, seguro. Se calcula que el ser humano recibe el 80% de la radiación solar total de su vida antes de los 18 años, justo cuando su sistema de producción de melanina no funciona aún a la perfección. Lo más peligroso son las quemaduras, que dañan el ADN celular y pueden, en el futuro, ser el origen de cáncer de piel. ¿Cómo exagerar entonces la importancia de evitar que esto suceda? Los menores de seis meses no deberían ni bajar a la playa (ni siquiera en la sombra), y hasta los tres años, es mejor que no les de ni un rayo de sol. Para eso hacen falta productos con índice de protección pantalla total, además de camiseta, gorros, gafas, sombrillas, y todo tipo de trucos y tretas para mantenerles al abrigo de la radiación ultravioleta.

Enemigos en invierno
Un descenso brusco del nivel de humedad y el descenso de las temperaturas, unido al viento, hacen que los meses más fríos puedan pasar factura a la piel infantil, mucho más desprotegida que la de los adultos frente a los elementos. Si a ello unimos su pasión por jugar al aire libre, y su tendencia a olvidarse de todo lo que les rodea cuando se están divirtiendo, no es difícil imaginar que más de uno acabaría con la piel al rojo vivo y totalmente irritada si no fuera por los cuidados de los adultos. Para compensar la falta de humedad, nada como instalar humidificadores en los lugares en que sea necesario, y limitar los baños a una ducha corta al día, sin olvidarse nunca de aplicar después crema sobre la piel aún húmeda. ¡Y no pasa nada por repetir ese gesto de vez en cuando! Cuando el niño salga al exterior, conviene proteger su piel con una crema muy emoliente, que actúe como barrera protectora extra, como si fuera un abrigo para la epidermis.

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