¡Hora de bañarse! (I)

El placer y el ritual de la higiene diaria

Mucho más que un simple gesto de limpieza: el baño de los más pequeños ha de convertirse en uno de los momentos más placenteros del día. Un ritual diario que se debe aprovechar no sólo para estar limpio, sino para reforzar el vínculo entre padres e hijos y convertirlo en un tiempo dedicado, única y exclusivamente al bebé.

Recién nacidos
Durante las primeras semanas de vida del bebé, no hace falta extremar la higiene. De hecho, muchos médicos recomiendan evitar el baño diario (especialmente, para que no se moje la zona umbilical) y sustituirlo por una higiene suave con un aceite limpiador, una manopla húmeda o bien evitar el jabón. Inicialmente es mejor limitar el uso de productos cosméticos al mínimo para evitar irritaciones.

Primeros meses
Existe una máxima inapelable para el baño del bebé: ante todo, seguridad. Por desgracia, los accidentes son más frecuentes de lo deseable. De ahí la importancia de tenerlo siempre sujeto, incluso si se sienta solo sin problemas. Y otro detalle a considerar: hay que tener todo lo que se necesita a mano antes del baño. Compruebe si tiene manopla, jabón, toalla, crema, bastoncitos de algodón, pañales de recambio o cualquier otra cosa que pudiera requerir. Compruebe la temperatura con el codo, más sensible al calor que la mano.

A veces, los pequeños no responden bien a los primeros baños. Ante todo, no conviene forzarles. Se les puede seguir lavando con la ayuda de una esponja, y dejar que se acostumbren gradualmente a la inmersión, que sin duda no tardarán en disfrutar.

Más sobre: