Como peces en el agua

Practicar la natación ayuda al niño a coordinar los movimientos, fortalecer los músculos y desarrollar sus sistemas nervioso, circulatorio y respiratorio

Todos estamos de acuerdo en que la natación es uno de los deportes más completos que existen, por eso no es de extrañar que muchos pediatras recomienden a los papás que enseñen a nadar a sus hijos a una edad temprana. De hecho, los bebés flotan en el agua desde el primer mes de vida y a partir de los dos años, pueden empezar a nadar correctamente.

¿Necesita más razones para acompañarse de los ‘peques’ cuando vaya a darse un chapuzón? Los estudios sobre natación infantil señalan una gran cantidad de beneficios para los niños. Desarrolla su sistema nervioso central, favorece la coordinación de los movimientos, fortalece la musculatura y estimula el sistema circulatorio y respiratorio. Desde el punto de vista psicológico, este tipo de ejercicio potencia la confianza del pequeño en sí mismo, mientras que a nivel afectivo, el hecho de que naden con sus padres aumenta la unión que existe entre ellos. En definitiva, todo son ventajas.

Aún así, se recomienda a los papás que vayan acostumbrando a sus hijos poco a poco al medio acuático. Por ejemplo, en el momento del baño no se debe tener miedo a mojar con delicadeza la carita y la cabeza del niño. Si el pequeño reacciona bien al contacto con el agua, es el momento de ir a la piscina. A la hora de buscar una, se debe tener muy en cuenta si cumple las normativas en cuanto a higiene y limpieza se refiere para evitar problemas de salud en el pequeño. No se puede olvidar que el cloro es un potente agresor del sistema respiratorio infantil, por lo que, según la Sociedad Española de Neumología, al volver a casa tenemos que comprobar que el niño no sufra molestias o irritación en los ojos, garganta o nariz.

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