¡Al agua bebés!

Le mostramos los aspectos positivos que tiene la experiencia acuática para la estimulación y el desarrollo de los niños

Por esta razón, estos cursillos no se plantean como una técnica de natación, sino como un camino para facilitar el desarrollo psicomotor del niño utilizando el entorno acuático. Por tanto, las experiencias han de ser siempre "en positivo", basándose en la pedagogía del éxito. Nunca se va contra la voluntad del niño: si llora, se cambia de actividad, y si su actitud persiste, se le saca del agua y se deja el baño para otro momento, reforzando las situaciones de éxito dentro del agua para que el niño siempre la asocie con cosas positivas.

El bebé en el agua se relaja, aprende nuevos movimientos, fortalece su musculatura, aprende a controlar la respiración… aspectos que contribuyen de forma decisiva a su desarrollo motor. Pero además, al experimentar con este medio líquido le surgen problemas de tipo intelectual: el niño intenta coger el agua para chuparla y explorarla como hace con los objetos, descubre que no reacciona igual que sus juguetes y sigue investigando; la prueba, la golpea, la coge en recipientes, salpica, se sumerge. En definitiva, desarrolla su inteligencia sensomotriz enriqueciendo sus experiencias habituales terrestres con las vívidas en el agua.

Finalmente, desde el punto de vista afectivo la vivencia del agua es tan fuerte que le plantea una disyuntiva: por un lado, necesita de mamá más que nunca, de su seguridad y respaldo, pero, a la vez, se hace más independiente al valerse por sí mismo en un medio totalmente diferente. Si a esto añadimos el hecho de que la experiencia se realice en grupos, las relaciones que se establecen con otros niños y con otras madres completan el desarrollo de la personalidad y le ayudan a socializarse.

Más sobre: