Niños y sol, ¿una alianza imposible?

Existen muchas e importantes razones para extremar la protección de los más pequeños

Tener que perseguir a los pequeños con un sombrero, una camiseta y un tubo de protector solar en la mano, repitiéndoles por enésima vez que salgan del agua no es tan relajante como estar tranquilamente tirada al sol, pero es vital para su salud.

¿Por qué es tan peligroso el sol para los niños?
Al final del embarazo, cuando el niño está ya preparado para salir y enfrentarse al mundo exterior, la piel del bebé tiene tantas capas de células como la piel madura, pero con una característica diferente: son muchísimo, muchísimo más fina.

Como sucede con el resto de sus funciones vitales, su piel tiene que seguir madurando y evolucionando. La función barrera, es decir, su capacidad de proteger al organismo del exterior, está limitada.

  • La capa córnea es mucho más fina. Sus células están mucho más separadas y aisladas que en la piel adulta.

  • La respiración, que es también un factor protector, está limitada.

  • El film hidrolipídico, esa combinación natural de sebo y sudor que cubre la piel, no funciona bien hasta la pubertad, cuando las glándulas sebáceas se ponen a pleno rendimiento.

  • El mecanismo de pigmentación (el bronceado), que no es más que un sistema de protección, no se ha desarrollado del todo y, por tanto, no resulta eficaz.

  • Los niños tienen el mismo número de melanocitos que los adultos, pero su actividad es mucho menor.

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