Buenos hábitos desde la infancia

Las costumbres de higiene que se adquieren de niño pueden prevenir problemas de salud

La higiene del bebé y del niño es una faceta muy importante en su educación y es obligación de los padres transmitir a sus hijos hábitos adecuados de higiene, pues las costumbres que les inculquemos en épocas tempranas de su vida no las olvidarán nunca. La ducha, el baño, el lavado frecuente de manos, el cepillado de los dientes después de cada comida, los cuidados del pelo, la piel y las uñas, la limpieza personal y el aseo son hábitos de higiene necesarios para conservar una buena salud.

Hay que tener en cuenta que la práctica de hábitos higiénicos es un medio imprescindible y necesario para la prevención de multitud de enfermedades. Todas las infecciones, las caries, las dermatitis, las enfermedades del oído, de los ojos o del aparato locomotor, y muchas otras más, pueden ser prevenidas y evitadas con costumbres de higiene adecuadas.

Las medidas deben comenzar, incluso, desde los primeros días y semanas de la vida del bebé. Es precisamente en esta época cuando el niño está más indefenso, pues su organismo no está aún preparado para fabricar anticuerpos ni defensas. Depende de los que su madre le transmitió a través de la placenta y de los que ingiere a través de la leche materna.

¿Por qué hay que esterilizar los biberones?
Precisamente, el aparato digestivo del niño también está indefenso las primeras semanas de vida. La posibilidad de contagios por vía digestiva es muy elevada y debemos ser muy cuidadosas para evitar que se produzca una contaminación masiva. Por esta causa se esterilizan los biberones, se hierve el agua o se utiliza agua envasada para prepararlos

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