El sol y los más pequeños

Las precauciones deben extremarse porque la piel de los niños se encuentra especialmente desprotegida

Tal vez tenga mantenga en su memoria imágenes de su infancia disfrutando de tardes interminables de playa o en la piscina, expuesto a un sol de justicia... y sin ningún tipo de protección solar. Un error que, poco a poco, se ha ido subsanando, pues la piel de los niños es muy sensible y más teniendo en cuenta que durante los primeros 18 años de nuestra vida podemos haberle hecho un daño irreparable a nuestra piel si hemos tomado el sol sin precauciones. Una de las consecuencias más obvias de que el sistema de melanogénesis o síntesis de melanina tarde años en madurar es que la piel de los niños se encuentra especialmente desprotegida ante el sol. Al fin y al cabo, la principal función de la melanina es crear un escudo protector ante la radiación ultravioleta, formando una pantalla que impide que esos rayos alcancen el corazón de las células y las alteren. Si ésta no funciona aún del todo bien, habrá que extremar las precauciones ante el sol. En resumen: hay que compensar las carencias defensivas de la piel de los más pequeños con todo tipo de estrategias y medidas preventivas.

Las recomendaciones de los dermatólogos son claras para los bebés: los menores de seis meses no deben exponerse al sol nunca jamás. Lo mejor es mantenerlo siempre a la sombra, resguardado y vestido con ropa ligera que cubra bracitos y piernas, recordando también que el sistema de regulación de la temperatura interna tampoco funciona aún al 100%,por lo que se debe tener cuidado con el exceso de calor y la deshidratación.

Hasta que el niño tenga tres años, es importantísimo evitar que juegue al sol durante las horas de máxima insolación, lo que equivale a decir que no conviene que lo haga al mediodía, desde las doce hasta las cuatro de la tarde. Esto no significa que a partir de esa edad se tenga carta blanca para que reciba los rayos UV. La protección mediante cremas solares y ropa debe ser una imposición constante, como mínimo hasta la pubertad, ya que el sistema de melanina no se forma del todo hasta los 14 años. Seguro que el niño huye cuando comprueba que su madre va a interrumpirle en sus juegos para ponerle cremita, pero, aunque no sea fácil, es tan importante como acostumbrarle a cepillarse los dientes después de cada comida.

También hay que recordar que los niños no sólo están expuestos al sol cuando van a la playa o a la piscina, sino siempre que salen al aire libre. Por tanto, no hay que relegar los protectores solares tan sólo a esas ocasiones, sino usarlos a diario, siempre que los más pequeños salgan fuera a jugar.

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