Niños que no pueden parar

La hiperactividad puede repercutir en el rendimiento académido de los más pequeños

Suele ser en la guardería o en la escuela primaria donde se manifiestan los primeros síntomas, que suelen ser dos: necesidad de moverse e incapacidad para mantenerse atentos. Tal vez piense que muchos pequeños tienen esos problemas, pero no debe confundirse con un niño inquieto que, cuando algo le interesa realmente, es capaz de concentrarse. Si realmente estamos ante un problema de hiperactividad, se informa a los padres de que el niño es incontrolable, se niega a permanecer sentado y quieto, se entromete en las actividades de otros niños, está siempre distraído, es muy revoltoso y rara vez aprende de sus propios errores.

Además, es lógico pensar que la conducta de estos niños les va a perjudicar de forma notable en su aprendizaje y en su rendimiento académico. Aunque su nivel de inteligencia sea normal, su comportamiento hace que la capacidad para aprender esté restringida y que la actitud del entorno sea menos positiva que en niños dóciles y sociables. Su incapacidad para concentrarse, fijar la atención y permanecer determinado tiempo en una misma actividad retrasa y perjudica la posibilidad de aprender.

¿Cuáles son las soluciones? Cuidar el entorno del niño, estructurarlo y hacer una vida rutinaria y sin sobresaltos suaviza el comportamiento del niño y ayuda al aprendizaje; mejora su rendimiento y facilita su relación social. A esto se suma el tratamiento con medicamentos. Su dosis y tiempo de aplicación son variables, pues los síntomas mejoran con la edad. Estos fármacos deben ser manejados y controlados por un especialista, ya que no están exentos de efectos secundarios a corto y a largo plazo.

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