Niños que no pueden parar

La hiperactividad puede repercutir en el rendimiento académido de los más pequeños

Seguro que alguna vez se ha planteado cómo los más pequeños pueden tener tanta energía y ser capaces de no parar ni un solo momento. Es cierto que la mayoría de los niños son inquietos, pero si se dan otros síntomas, tal vez nos encontremos ante el caso de un niño hiperactivo. Se trata de pequeños inquietos, que lo pasan mal cuando tienen que permanecer sentados, se distraen con facilidad, tienen dificultades para esperar su turno y para seguir instrucciones concretas. Además, pasan rápidamente de una actividad a otra sin completar la primera, hablan en exceso, se entrometen en lo que están haciendo otros niños, pierden cosas con gran frecuencia y siempre están maquinando actividades físicamente peligrosas. En definitiva, niños que no pueden parar, literalmente.

Son chavales normales, que suelen tener un desarrollo igual al del resto de los niños, pero que a lo largo de su infancia y durante el período de maduración y aprendizaje proporcionan múltiples preocupaciones y problemas a sus padres y educadores, porque todos esos síntomas antes descritos perjudican sus relaciones interpersonales y les crean graves problemas en el colegio.

Curiosamente, este problema se presenta con más frecuencia en niños que en niñas (en una proporción de seis a uno) y afecta al 2% de la población infantil (en algunos países, como Estados Unidos, la situación es más preocupante y es considerado un gran problema de salud pública en la infancia). Pese a no ser un trastorno grave, los niños hiperactivos tienen graves problemas de integración social: son mal aceptados en su entorno por los compañeros y crean importantes complicaciones a sus educadores.

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