Michael Jackson tiene una bacteria que estaría destruyendo su piel

Las últimas imágenes del cantante han vuelto a causar una gran alarma sobre su estado de salud

De nuevo las informaciones sobre el estado de salud de Michael Jackson se han multiplicado en los medios de comunicación, levantando la alarma sobre la situación real en la que se encuentra el rey del pop. Según se dice, tiene una infección en la piel (calificada como staphylococcus aureus o SARM), que es muy resistente a los antibióticos y que podría tener consecuencias fatales en los tejidos (los acabaría destruyendo) si no se trata adecuadamente y se frena a tiempo. Recientemente, se pudo fotografiar al intérprete abandonando una clínica de California, donde se estaría tratando dicha dolencia, con un aspecto bastante preocupante: bajo la mascarilla que le tapaba la cara, se podía ver el enrojecimiento de la piel, un síntoma que se repetía en sus manos, también hinchadas.

Algunas fuentes aseguran que los médicos están haciendo todo lo posible para combatirla, aunque también se dice que sólo mediante una operación se podrían paliar sus efectos. Y es que parece que la obsesión por la estética le habría pasado factura al intérprete de Thriller, ya que la habría contraído durante una de sus operaciones de nariz. Hace ya dos meses, su representante tuvo que salir al paso de las especulaciones sobre su salud. "El señor Jackson goza de buena salud y está ultimando una serie de negociaciones con una importante compañía de entretenimiento y una cadena de televisión tanto para realizar una gira mundial como para una serie de especiales y apariciones puntuales". Entonces se decía que sufría una enfermedad de origen genético y necesitaba con urgencia un trasplante de pulmón.

Más que su vida profesional, en los últimos años ha sido su vida personal la que ha acaparado los titulares. Sus excentricidades y sus apariciones públicas, aunque escasas, han despertado las especulaciones. En algunas ocasiones, se ha dicho que ha jugado al despiste con el atrezzo y que en realidad no necesitaba las mascarillas quirúrgicas (muy extendidas, por ejemplo, entre la población japonesa debido a la polución de las grandes ciudades) o la silla de ruedas en la que apareció sentado durante una tarde de compras (días después se le vio caminando perfectamente).

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