Las fotos no vistas de la boda de David Bustamante y Paula Echevarría

Sol, solito, caliéntame un poquito...». Horas antes del enlace, nos encontramos a Paula cantando esta canción infantil en su habitación del Gran Hotel Pelayo, de Covadonga. Está vestida con una bata verde y llena de pinzas y rulos, preparándose para el gran momento. Paula está más tranquila que el día anterior —era un manojo de nervios— y vive divertida todos los preparativos. Terminan de peinarla y maquillarla y contempla satisfecha el resultado: «¡Ay, mi niño, cuando me vea entrar se va a emocionar!», dice muerta de risa. ¿Y tú, llorarás? «No, me he propuesto que no», dice rotunda, sin imaginarse que no lo podrá cumplir ante el terremoto de emociones que se le viene encima.

El vestido, firmado por Rosa Clará, es una obra de arte. La diseñadora se ha trasladado hasta la localidad asturiana para supervisarlo todo. Se trata de un vestido con escote en pico realizado en encaje francés con finos tirantes unidos a unas mangas en tul de seda natural y encaje.
La novia arrastrará dos metros de espectacular cola de tiras de encaje y tul en seda natural plisado, y un velo en tul con encaje francés a juego con el vestido de tres metros, prendido por un broche «explosión » de brillantes realizado en platino, de Puig Doria. De la misma casa es el colgante de oro blanco con un diamante talla perilla que lució la novia, así como los pendientes largos de oro blanco, brillantes y diamantes. Las joyas —nos cuentan— están valoradas en nada más y nada menos que 450.000 euros.

—¿Ha sido la boda de vuestros sueños?
Mejor que en nuestros mejores sueños —responde Paula.
—David, ¿qué es lo primero que le has dicho?
«Te quiero, estás guapísima». Que conste que se lo digo muchas veces a lo largo del día, no porque hoy sea la boda.
—Paula, ¿cómo te sientes?
Me siento como la reina de los mares —y ríe.
—¿Cuál fue el momento de mayor emoción?
Cuando entré en la iglesia y de repente todo el mundo se puso a aplaudir. Escuchaba el sonido de las gaitas y yo sólo miraba al fondo, sólo quería encontrarle con la mirada —dice Paula.
—¿Cómo empezó vuestra historia de amor, David?
Comenzó el año pasado en Lanzarote. Viajé para actuar en un concierto benéfico de Infancias Sin Fronteras y ella estaba allí haciendo un reportaje. La vi y dije: «Para mí». Así de clarito.
—¿Y para ti, Paula, fue así de clarito?
Yo dije: «Puede ser» —y rompe a reír.
—¿Fue un flechazo?
Sí, lo que pasa es que yo soy más prudente —nos dice Paula.
—Digamos que había una atracción fuerte, ¿pero pensasteis que os podría llevar hasta donde estáis?
A la semana de conocernos nos fuimos a vivir juntos —responde David.
—Yo me fui de Lanzarote y él se quedó cuatro días más. De regreso, directamente apareció en casa de mis padres para ir a buscarme. Era la segunda vez que nos veíamos, ¡y ya estaba en mi casa con mis padres! Vamos, que desde un principio pintaba todo muy serio —añade Paula.

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