Julio Iglesias y Miranda, quince años de amor

—Lejos ha quedado aquella etapa de conquistador...
No, yo creo que un artista nunca deja de conquistar, en el sentido bonito de la palabra. Ando por la vida, mirando y aprendiendo, y sin dejar de soñar y, por qué no, también de flirtear.
—Volviendo a tus hijos, Enrique dijo recientemente que apenas os veis.
Efectivamente, nos vemos poco, porque yo hoy estoy aquí y mañana en otro lugar. Pero nos queremos muchísimo, y eso está por encima de todas las especulaciones. Y cuando nos miramos a los ojos, son miradas de padre a hijo y se acabó, no hay más. Ahora estamos los dos en un tobogán de idas y venidas. Es un chiquillo muy independiente, pero mi relación con Enrique es espléndida. Es trabajador, inteligente y artista.
—Chábeli siempre ha sido la niña de tus ojos...
Siempre ha sido la más mimada. Lógicamente, era la niña... Ahora es la que más me llama y la que más me cuida.
—¿Y Julio José?
Es hiperactivo, un deportista nato; es simpático, le gusta vivir bien, es muy cariñoso y muy generoso. Y es artista también.
—¿En cuál te ves más reflejado?
Todos tienen un poco de mí y cosas de su madre, por su puesto. Me veo reflejado en los tres.
—¿Cómo es la relación de tus hijos mayores con tus hijos pequeños?
Perfecta. Mis hijos pequeños adoran a los mayores, como todos los niños pequeños.
—Háblanos de los pequeños.
Se parecen mucho entre ellos. Miguel se parece mucho a Victoria y Rodrigo se parece mucho a Cristina. A la vez, Miguel es muy parecido a Enrique y Rodrigo a Julio. Y las pequeñas son preciosas y sanas.
—¿Entra en vuestros planes volver a ser padres?
Pues no lo sé. No puedes decir de esta agua no beberé. No está en los planes, pero tampoco estaba en los planes tener cuatro niños —y rompe a reír.
—¿Cómo te sentó convertirte en abuelo?
Pues muy bien. En realidad, soy un abuelo muy peculiar, porque como tengo hijos de la misma edad de mi nieto, parece como si fuera mi hijo, con perdón —y se ríe.
—¿Y ejerces de abuelo?
No, pero por lo mismo. Como es de la edad de mis hijos, es como si fuera el papá también. Con permiso del padre, claro.
—¿Qué es la felicidad para ti, Julio?
La felicidad es estar apasionado. Si uno está apasionado, está feliz, porque la pasión lo mueve todo. La felicidad, desgraciadamente, no es continua ni se mueve por el mismo parámetro para todos, y los más agraciados son los que con pocas cosas son felices. En el fondo, yo creo que ya con pocas cosas soy feliz: me basta la pasión para ser feliz

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