Julio Iglesias y Miranda, quince años de amor

—¿Te asusta el paso del tiempo?
No es que me asuste, me da pena. El paso del tiempo es muy injusto. La sabiduría, el aprendizaje, las ganas de vivir no tendrían que tener fin. Las personas que tenemos tantas ansias por vivir no tenemos nunca suficiente tiempo. Vivimos con tiempo y sin tiempo.
—La vida te ha dado segundas oportunidades: cuando volviste a andar tras tu accidente o cuando formaste tu segunda familia...
Ha sido generosísima conmigo, por eso yo trato de ser generoso con la vida. Creo que en la vida pública de un artista lo más importante es la humildad y la generosidad. Uno aprende a ser humilde con el tiempo, y cuanto más humilde y generoso eres, la gente te quiere más. La gente generosa recibe.
—La vida también te ha llevado hasta Miranda. Y de eso hace ahora quince años. ¿Cómo lo habéis celebrado?
Llevamos quince años juntos y cuando hablamos de ello tenemos la sensación de que nos conocimos ayer. Nuestra relación es tan sólida que no la medimos en el tiempo, por eso no hace falta celebrarla. Muchas veces pienso que Miranda y yo somos una sola persona. A veces, hasta me confundo, porque es cierto que la siento como mi alma gemela.
—Y la pregunta del millón, ¿para cuándo la boda?
Bodas y bautizos, porque ya voy retrasado —dice, mientras ríe.
—Y ya casi comuniones...
Pues sí, tendrá que ser todo al mismo tiempo.
—Estás de broma.
Sí, lo haríamos todo al unísono —y vuelve a reír.
—No, en serio.
En serio, no estamos en absoluto preocupados por ese asunto. Un día nos levantaremos y, como todas las mañanas, ella me preguntará: «¿Qué hacemos?». «Pues vamos a casarnos », diremos.
—¿Tan espontáneo?
Sí, así, sin ningún invitado, sólo nosotros. Además, ya estamos casados, firmar papeles no nos va a unir más. Será por cuestiones legales, no por cuestiones emocionales. La cuestión emocional está absolutamente consolidada para toda la vida. El día de mi boda ni me asusta ni me ilusiona especialmente.
—¿Qué tiene Miranda que cambió tu vida?
Miranda son mil cosas juntas. Yo soy complemento de ella y ella es complemento mío.
—¿Es el amor de tu vida?
Yo he tenido muchos amores, gracias a Dios, y Miranda no es el amor de mi vida, Miranda es mi vida.
—¿Crees que hasta ahora no habías conocido el verdadero amor?
He conocido muchos amores, y siempre que me he enamorado he pensado que eran verdaderos. He sido un gran «flirteador», he tenido grandes amores, a todos los he querido y de todos he aprendido.
—¿Recuerdas qué fue lo primero que pensaste al verla?
Recuerdo que estaba con un amigo y le comenté: «Esta va a ser la mujer de mi vida». Y resultó que así fue.

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